¿qué están haciendo las instituciones académicas y las empresas en relación al “burn out” y “break down” que viven cotidianamente los estudiantes, profesores y colaboradores?

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Lamentablemente los esfuerzos de algunas de ellas son fútiles en relación a la inmensa necesidad para solucionar la problemática. Pero antes de emitir juicios, veamos de donde viene esto. Tal pareciera que el ser humano en lo individual y al formar parte de un colectivo, cayo en la trampa de la supuesta “evolución” generando un entorno tan competitivo que una vez activado este proceso no le es posible ralentizarlo, detenerlo o en el mejor de los casos realizar un cambio paradigmático profundo. Así como el celebre poeta Amado Nervo en su poema “en paz” plasmara: — porque veo al final de mi rudo camino que yo fui el arquitecto de mi propio destino— Aun cuando día a día se presentan y se suman a las anteriores cientos de miles de evidencias que nos indican que nuestro actuar, nuestro proceder, la actitud y la manera de “ser” de la humanidad nos esta llevando a un callejón sin salida. El fingir, minimizar, negar o evadir que la “situación” no es tan grave, es como pretender salvarnos de un ataque cardiaco tomándonos una aspirina.

En mis más recientes artículos sobre la entrada en vigor de la NOM35 en México (Factores de riesgo psicosocial en el trabajo) y ¿tu cerebro esta cansado? (La obsesión de los centros de investigación e industria farmacéutica por desarrollar medicamentos que mejoren las capacidades cognitivas), expreso qué aunque el trasfondo pudiera ser el correcto, los esfuerzos son incipientes y las medidas son ínfimas en relación a la dimensión del problema. Para generar la suficiente masa critica (4 %) y lograr una alineación y un “stop” inmediato, requerimos que quienes “ya se dieron cuenta” unifiquen criterios y canalicen su energía y recursos hacia un mismo objetivo, “salvar a la humanidad”. Y no estoy hablando solamente del “cambio climático”. Para el año 2030, el 60 % de las personas vivirán en ciudades (4,800 millones de habitantes), entornos que se han convertido en autenticas “selvas de asfalto”. La solución no solo es “generar consciencia”, un autentico despertar, también incide en que es necesario salirnos de las grandes urbes y volver a un estilo y ritmo de vida que nos permitan acabar con el estrés y la depresión.

Datos estadísticos de la OIT en conjunto con la OMS, nos indican que el 30 % de los directivos, el 40 % de los mandos medios y el 50 % del personal administrativo u operativo “no les gusta lo que hacen”. ¿puedes imaginar el nivel de frustración? No estamos preparando con las herramientas necesarias a los jóvenes estudiantes para que se sumen a las filas de un entorno altamente competitivo, cuyo objetivo principal es producir más, a soportar mayor presión, a que obtengan los resultados a toda costa, no importando cuales sean los precios a pagar en relación a salud, bienestar, ética y moral. Los jóvenes profesionistas entre 24 y 30 años no les interesa comprometerse con nadie si ello implica esfuerzo y sacrificio, la permanencia en los empleos ronda entre los 12 y 18 meses. Sí hay mucha presión, sienten que se les exige demasiado o no son promovidos a niveles superiores (aunque no tengan las habilidades), cambiaran de empleo. Para el año 2030, los jóvenes millenials habrán estado en promedio en 8 a 10 empleos. Los “baby boomers” y la generación “X”, no hemos acabado de entender que los “millenials” y la generación “Z” (zentenialls), traen otro chip, no los vamos a incentivar ofreciéndoles apoyos para comprar una casa o un auto. Las instituciones académicas siguen sin entender que pretender preparar a cada alumno pensando en que su única alternativa es ser emprendedor o empresario, los lleva a salir con un nivel de arrogancia, soberbia y desubicados. Tendrán que vivir miles de dosis de “ubicatex” para entender, que fueron preparados para algo que en el mejor de los casos solo ocurrirá con el 18 % de ellos.

Es muy triste ser testigo presencial de una humanidad que vive absolutamente desconectada, de por sí, nos hemos venido entrenando para no ser avasallados por tantos estímulos externos (nos enloquecen). Pero nos fuimos al otro extremo, “zombies”, autómatas, cada quien habitando su mundo interior, absortos enchufados a los teléfonos móviles, tabletas, laptops, sin darnos cuenta de todo lo que ocurre alrededor. Prácticamente “sobreviviendo” en lugar de “vivir”, además creyendo que así es la vida. Abiertamente lo expreso, no estamos trabajando con su “asertividad”, “resiliencia”, “compromiso”. Y sí entramos al ruin espacio de la que se ha convertido en la epidemia de la juventud, el famoso TDAH (trastorno de déficit de atención e hiperactividad), a más del 28 % de los jóvenes se les diagnostica, la fácil y rápida solución, la administración de fármacos (aderall, ritalin, concerta, wyvanse, focalin, ativan, bencedrina, trazodona, dexedrina), estimulantes basados en anfetaminas que aseguran bajar la ansiedad, angustia, mejorar la atención, aumentar el rendimiento, elevar la carga energética. Generando adicción y es falso que ayudan a todo lo anterior, solo excitan las catecolaminas (neurotransmisores) aumentando la producción de dopamina y noradrenalina. Generando un estado ficticio y temporal de “autoconfianza” y “aumento de energía”. Cientos de adultos recurren a los cocteles anteriores para hacerle frente a sus jornadas laborales que los deterioran y exprimen cada día.

En mi practica cotidiana me encuentro con cientos de empresarios, directivos y ejecutivos que viven altos niveles de estrés, angustia, ansiedad, “burn out”, “break downs” y depresión. A muchos los hemos podido apoyar, sin embargo un alto porcentaje (más del 30 %) no logran avances importantes en mejorar su manejo emocional/relacional. Cuando descubrimos cual es su problemática encontramos comunes denominadores: sobrepeso (unos cuantos kilos u obsesidad mórbida), pésima dieta alimenticia (basada en carbohidratos y azúcar), consumo de productos chatarra (desde golosinas hasta barras energéticas), consumo de refrescos o bebidas energéticas, abuso en el consumo de alcohol, cigarro, adicciones. Nada o muy poco ejercicio. Viviendo lo que hemos llamado “fatiga endocrina” un total desequilibrio en el eje psico/emocional/físico/nutricional. Han perdido su capacidad de recuperación y su carga energética es nula.

Es momento de que empecemos a hacer algo al respecto, no solo practicar meditación, yoga o generar pequeños espacios que son como islas u oasis rodeados de generadores de angustia, ansiedad, obsesión y estrés, pensando en que con eso solucionaremos todo. Sí, es un primer paso, lo reconozco; pero se requieren cientos de medidas y estrategias adicionales. Desde incluir en las formaciones académicas materias que concienticen a los alumnos de su estado de salud (química sanguínea), nutrición (alimentación), preparación física (ejercicio), desarrollo de habilidades emocionales/relacionales (coaching/terapia) y también practicar meditación, mindfullness, biodanza, danza primal, taichí, retiros espirituales,  etc.

En las empresas, los directivos requieren estar conscientes de que “mente sana en cuerpo sano”, no es solo un eufemismo de “eres lo que comes, eres como está tu cuerpo, eres tu condición física”. Pretender seguir adelante sin hacer nada al respecto, es “la crónica de una muerte anunciada”. La expectativa de vida en México es de 76,7 años (83,7 en Japón), y los Qualys (la calidad ajustada de años de vida) la reduce a 65,8 años, los Dalys (AVAD, años de vida ajustados por discapacidades) indican que viviremos los últimos 10,9 años en pésimas condiciones.

Sí realmente quieres hacer algo en tu vida, en tu empresa, en la institución académica donde estudias o trabajas, no dudes en contactarme, con gusto te apoyaré para que formemos parte de ese porcentaje de masa critica que se requiere para hacer un cambio en el mundo.

santiagobeorlegui@institutovitral.com