Una lección de humildad

Hace unos días publiqué un artículo sobre las estrategias que debemos implementar a partir de lo que esta ocurriendo en el mundo. Como en todos los espacios hubo quien le pareció un interesante análisis y propuesta. Por otra parte, muchos la consideraron algo exagerada.

Creo que vale la pena partir de lo anterior, como para entender un poco como es el comportamiento del ser humano. Quizá por llevar tantos años metido en el estudio del desarrollo humano, psicología, terapia, coaching, management y liderazgo, considero fundamental la etología (estudio del comportamiento) y no solo de animales, específicamente del ser humano, separándolo de la sociología y psicología. Buscando ser, pragmático, aunque incluyente.

Estamos a pocas semanas de qué en la mayoría de los países, se deje el #quedateencasa y pretendamos volver a la “normalidad”. Aunque debo decir, que tal situación no ocurrirá como muchos lo piensan. Es decir, “business as usual”. El mundo cambió, y también se vale decir, que no fue solo por el COVID-19.

Si nos ponemos a revisar datos estadísticos sobre cuantas personas mueren todos los días por diabetes, hipertensión, cáncer, tabaquismo, influenza y los comparamos con el número resultante de decesos ocasionados por esta pandemia, cualquiera puede decir que este asunto se sobredimensionó. Que esta es una estrategia del gobierno Chino, que EUA es responsable porque envío las pruebas que hacía a laboratorios Chinos, etc. etc. Ya sabemos las clásicas teorías conspiratorias que siempre aparecen y qué además apoyadas por la viralización en redes sociales, se convierten en las fake news de mayor consumo por la audiencia ávida de buscar culpables o responsables.

El tema entonces no es el COVID-19, sino la infinita fragilidad del ser humano. Este evento vulnera nuestra autoestima y seguridad, es decir; deja un poco mal parada a la supuesta “humanidad” cúspide de la evolución de este planeta. No lo vimos venir, nadie se anticipo, no se tomaron las medidas pertinentes. Este “coronavirus” ha venido a darnos una gran lección. Es preciso que nos bajemos del pedestal en donde nos subimos pensando que tantos siglos de evolución, generación de conocimiento y tecnología nos permitirían lidiar con cualquier evento que se presentará. Que irónico que un virus, que además no es mortal en el 96 % de las ocasiones, viniese a trastocar la vida de toda la humanidad.

Desde luego, deja de manifiesto, que algo tan básico y esencial como es la salud, la higiene y los protocolos de comportamiento. Absolutamente relajados y cada día menos importantes, han llevado a todas las sociedades y nuevas generaciones a perderle el respeto y la atención. Tal parece que y te doy con mucho gusto la posibilidad de ponerle el nombre que quieras….(Dios, Jesús, Buda, la Virgen, Mahoma, la madre tierra, El universo, etc.) nos acaban de mandar un mensaje, para ver si somos capaces, primero de entenderlo y luego de dimensionarlo.

No solo no hemos aprendido nada de las crisis y pandemias anteriores, no hemos sido capaces de capitalizar el aprendizaje. ¿Cuántas invitaciones requerimos? Para darnos cuenta de que la estructura como esta concebida tiene varios defectos de origen. En un mundo globalizado en el que lo que ocurre en China como “efecto mariposa”, puede convertirse en el peor “tsunami” o “cataclismo”, en la economía, en la salud, en la alimentación. Seguir a merced de los grandes intereses mundiales entorno al petróleo, cuando ya sabemos que las fuentes de energía ecológicas, no contaminantes son el futuro. ¿Por qué el petróleo sigue dominando el mundo, la economía? ¿Será correcto seguir dejando en manos de los Presidentes, Primeros ministros, Reyes, la toma de decisiones?

Tanto poder centralizado es un peligro, pues estamos a su merced. Ignorantes, necios, incapaces de escuchar y enfermos que querer “tener la razón”. ¿Qué esta ocurriendo en el mundo que ante una sociedad harta de corrupción demagogia y engaños escogemos la peor opción, simplemente porque nos vendió que lo haría diferente? Desde luego que se convirtió en la tormenta perfecta. En el peor momento, en las peores situaciones económicas y ambientales, con los peores gobernantes y ante una sociedad totalmente apática, distante y harta. Peor aun, no dispuesta a organizarse y no mediante manifestaciones y levantamientos sino mediante un plan y estrategia orquestada por intelectuales, académicos y empresarios, tomar cartas en el asunto.

No vas a volver al trabajo en unas semanas, sin que más de uno empiece a pensar en las medidas de “sana distancia”, desinfectantes, limpieza. En todos los sitios posibles: Transporte público, caminar por las calles, elevadores, cafeterías, oficinas, eventos públicos, fiestas, discotecas, congregaciones. La lista es interminable, así que cambiarán las reglas, los patrones de conducta. Los manuales, las buenas prácticas. Las costumbres, los besos, abrazos, palmadas en la espalda. La cercanía física, el contacto, el flirteo, la camaradería, la amistad, las parejas, la conquista, el amor. Y paro aquí porque entonces, alcanzarás a ver la punta de este iceberg.

No falta quien este pensando en qué terminando este evento, son necesarias unas vacaciones, ¿adonde iremos? A la playa, al esquiar, a convivir con la naturaleza, el mar, la montaña. Aprovechar para visitar otras ciudades. Y esto, no ocurrirá, pues tardaremos meses, e inclusive años en que se nos den todas las libertades, “bajo tu propio riesgo”, los países, sus respectivos gobiernos, autoridades, empezarán a pensar que debemos tener cuidado con la segunda, tercera, cuarta y quinta olas. Así que leyes, manuales, reglamentos, protocolos, vigilancia, sanciones y multas vendrán en camino. Bienvenidos a la paranoia generalizada que se presentará mientras somos capaces de digerir este trago amargo que ha puesto en evidencia nuestra infinita vulnerabilidad.

Los investigadores, los especialistas, pronostican que además de la incorporación de un nuevo orden mundial. Muchos protocolos, comportamientos, formas de trabajar, organizarnos, cambiarán. El home office que llego para quedarse, la distancia mínima aceptable en oficinas hacinadas y saturadas. Los viajes internacionales, las reglas de seguridad en aviones, hoteles, cruceros, aeropuertos. Las condiciones de higiene en hoteles, restaurantes, cafeterías, en las escuelas. ¿Cómo se comportarán los maestros? ¿Será necesario cambiar o incorporar a los planes de estudio otras praxis? Estudiar en línea será la nueva forma para no correr riesgos innecesarios. ¿Qué pasará con los deportivos, clubes sociales, las iglesias? En fin, el tema da para un libro completo. Bienvenido a la primer gran sacudida del siglo XXI.

Te espero, en futuras reflexiones.

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