¿Qué pasa cuando alguien toca tus botones?

No me imagino ir caminando por la calle con una armadura llena de botones y adherido a cada botón un post-it señalando: “No tocar”, “El último boleto de la rifa del tigre”, “atente a las consecuencias”, “El callejón de las trompadas”, “bomba nuclear”, “te lo advertí”, “para que le buscas”, “si ya sabes como me pongo”, etc.

Es como de risa, pero parece que así es como vamos por la vida. Una y otra vez, las personas que nos rodean tocan nuestros botones, unas veces sin saberlo y otras intencionadamente.

Cuando alguien toca uno de tus botones, ¿cómo reaccionas? Es muy probable que te enganches y “al sentirte atacado”, respondas brusca y/o violentamente. Yo te pregunto, ¿de quien es el botón? Y por tanto, ¿quién requiere hacerse cargo?

En la mayoría de las ocasiones, escucho a mi interlocutor decirme, pues es que ese asunto puede más que yo, como una buena justificación a la reacción sobredimensionada.

Tal pareciera que entonces el poder “se lo damos al otro”, a ese que se atrevió a tocar nuestro botón. Además, haciéndolo responsable de nuestra respuesta. Es increíble que aun cuando sabemos y conocemos la gran mayoría de nuestros botones, no seamos capaces de hacernos cargo de ellos y cortar el cable que conecta a cada uno con algo más. Si nos pusiéramos a revisar con que esta conectado cada uno de nuestros botones, si siguiéramos el cable hasta su origen, descubriríamos para nuestra sorpresa, que cada botón esta conectado a una “creencia”.

Efectivamente no hay un solo botón que no este conectado a una creencia. Y requerimos tener mucho cuidado, ya que; como una creencia es algo de lo que estamos convencidos, (hemos juntado suficiente evidencia para confirmarla). Entonces por supuesto que no podemos aceptar que esa creencia o no es correcta, no es positiva o aun cuando sea correcta, no justifica nuestra respuesta agresiva, violenta, sarcástica o avasalladora.

Como dirían los jóvenes “ es tu perro y tu lo bañas”, haciendo alusión a que es tu problema y tu requieres hacerte cargo. Sin duda, encierra la manera de desarticular o cortarle el cable a nuestro botón. Si el botón es mío, yo requiero hacerme cargo de el. Y trabajarlo lo suficiente, como para que deje de ser un botón.

Si te pido que hagas una lista de tus botones, descubrirás que al estar todos conectados a creencias, son todos cosas y situaciones que te parecen incorrectas, que no deben de ocurrir o que no estas dispuesto a dejar pasar.

Entonces uno a uno requiero irle cortando el cable a cada botón, para que dejen de ser tema. Eso entre otras cosas significa que nadie más se debe hacer responsable de mis botones. Modificar o desarticular creencias no es fácil, pues históricamente hemos juntado evidencia. Sin embargo requerimos “darnos cuenta” y “parar” para poder “hacernos cargo”. Aunque algún vez, fue un botón, ya dejo de serlo porque ya lo trabaje y esta en mí, ya no darle el poder al otro si lo vuelve a tocar.

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