¿Vives ó sobrevives?

Hoy somos materialmente avasallados, rebasados, bombardeados y damnificados por miles de estímulos visuales, auditivos y kinestésicos. Si sumamos la cantidad de factores, medios y fuentes de supuesta “información”, no hacemos más que abrir los ojos por la mañana y si no es la televisión, es el radio, los periódicos. Empieza el bombardeo. Imagina cientos de miles de flechas que surcan todo el tiempo por el cielo y que materialmente impactan tu ser. No están destinadas específicamente para ti, simplemente son lanzadas unas tras otras para sistemáticamente llamar la atención.

Prendes el ordenador y mientras revisas tus correos, decenas son spam, redes sociales colmadas de publicidad. Si transitas por las calles, cientos de espectaculares, billboards electrónicos, autobuses rotulados, camiones con publicidad, letreros en las calles, el ruido del trafico, los cláxones pitando una y otra vez. Los índices de contaminación a la alza. Cientos de miles de señales del espectro de radiofrecuencia materialmente atraviesan tu cuerpo todo el tiempo.

Tumultos en la calles, frenesí desenfrenado, el hormiguero alborotado. Las avenidas y calles que se convierten en enormes estacionamientos durante las horas pico. Traslados eternos que sin tráfico recorrerías en minutos. Los autobuses, minibuses, metrobuses, taxis, metros, llenos. Miles y miles de personas con prisa, viviendo en urgencia, esclavos del reloj y la rutina. Los índices de inseguridad y criminalidad a la alza. Los medios de comunicación compitiendo por las primicias y exclusivas de las grandes adversidades, manipulando, exacerbando, descontextualizando.

¿Qué hemos aprendido a hacer para sobrevivir? Poco a poco te has venido entrenando, no de manera consciente. Sin saberlo te has venido preparando en los últimos 20, 30, 40 o 50 años día tras día para no perecer, desfallecer, sucumbir ante tanta vorágine, descontrol y saturación.

Lamentablemente como esto a ocurrido de manera natural como por “instinto de supervivencia”, como bien lo dijo Darwin, “no sobrevive el más fuerte, sino el que más rápido se adapta”. Y los resultados son contundentes. Se han convertido en la lastimosa tragedia humana. Somos como las ranas que son puestas en las cacerolas vivas y al subir la temperatura del agua,  poco a poco se cuecen sin inmutarse y, cuando se dan cuenta, ya es demasiado tarde.

Veo por las calles todos los días a una humanidad total y absolutamente desconectada. Sentados en los cafés, restaurantes, caminando por las calles viendo sus teléfonos “inteligentes”, que dentro de muy poco lo serán más que sus dueños. Conductores de automóviles cuyos cuerpos operan los vehículos pero que los cerebros de los mismos, en especial su mente, están ocupados de otros menesteres, los pendientes, las agendas, pretendiendo organizar o resolver situaciones y problemas. Pasajeros absortos en sus mundos interiores, sin percartarse de lo que ocurre a su alrededor.

¿Qué esta ocurriendo con la humanidad? Cada día más ausentes, miradas perdidas, cuerpos pasmados. Mentes deambulando por lo confines del universo. No pretendo ser alarmista. No es mi intención exagerar o magnificar lo que ocurre. Te comparto datos estadísticos: 7´575,000,000 de habitantes en el planeta a finales del 2017. De los cuales son mayores de 15 años alrededor de: 5´826,000,000.

Y de estos últimos, se supone tenemos un nivel de autonomía y voluntad que nos permite deambular y vivir en sociedad y aunque sea con niveles mínimos de civilidad, el 54 % “vive” en zonas urbanas (ciudades de todos los tamaños).

¿Acaso es esta la forma en que pretendes seguir viviendo? Quizá la inmensa mayoría siga así. Los estudiosos del tema calculan que menos del 1 % de la humanidad esta viviendo de manera consciente tal y como quiere vivir. El resto continuara “sobreviviendo” y pensando en que “así nos toco vivir” o que “son lo precios a pagar por la modernidad”.

Materialmente te has venido entrenando toda la vida para dejar de darte cuenta, para no enloquecer por tal cantidad de estímulos diarios. Y créeme, has realizado un gran trabajo. Pero, y como siempre hay un “pero”, te pasaste, te fuiste al otro extremo. Y este nivel de desconexión te llevará a una senda que rápidamente se convertirá en una espiral descendente. Y si no “haces algo” te seguirá acompañando toda la vida.

Estas a tiempo, nunca es tarde, es el momento de “Despertar”, de dejar de estar en el automático, de darte cuenta, de entrenarte para empezar a ponerle atención de manera intencionada, con propósito, a las cientos, miles de cosas en ti, en tu mundo interior y también en el hermoso y vasto mundo que te rodea. Te invito a que desaprendas y reaprendas, a que “pares” y seas capaz de “hacerte cargo”, sin pretextos, argumentos y justificaciones. Es el momento de ponerle atención a tu vida y que la diseñes y vivas de la mejor de las formas, estando consciente, en paz, con alegría y buscando re encontrarte con tu “SER”.

Si es posible, no es utópico, menos del 1 % de la población del mundo lo ha logrado y no tiene nada que ver con su riqueza, propiedades o bienes. Tiene que ver con su nivel de consciencia, haberse dado permiso de despertar, de darse cuenta y aprender a vivir.

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¿Qué significa ser resiliente?

Según la real academia de la lengua, resiliencia significa, la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite o adversas y sobre ponerse a ellas. Existen un sin numero de situaciones que nos ponen a prueba día a día, además para cada uno, esas eventualidades pueden ir desde perder el empleo, terminar una relación, la muerte de un ser querido, una enfermedad, la situación económica, la cancelación de un proyecto. El incumplimiento de pago, el maltrato, la bancarrota de un negocio. En fin son muchas las situaciones que nos pueden llevar al extremo, sentirnos que estamos en el limite de lo permisible y aceptable. Estas situaciones generan mucho dolor y sufrimiento. En infinidad de ocasiones creemos que aun cuando tenemos la fuerza y la voluntad, lo que nos esta ocurriendo, nos rebasa, satura y se vuelve inmanejable e incontrolable. En muchas ocasiones he escuchado decir, que la única forma de tomar impulso para salir, es tocando el fondo. Existen dos posibilidades ante estas situaciones, dejarnos hundir y entrar en la dinámica del péndulo victima-culpable o estar dispuestos a darnos cuenta, hacernos cargo y salir adelante fortalecidos.

Una persona resiliente es aquella que es capaz de sobreponerse a la situación, aprender de ella y salir fortalecida. Son como jugadores de ajedrez, tienen la capacidad de anticiparse a varios movimientos, antes de que ocurran, esto no significa que suponen o solo intuyen, significa que analizan los posibles escenarios y a partir de ellos toman decisiones. Para estas personas la vida no es dura, difícil y complicada, sino la ven como un lugar lleno de posibilidades y oportunidades. Y hablamos de posibilidades y no de opciones, porque del primero se desprende la conjunción (…esto y esto y esto…) y del segundo se plantea una disyunción (… esto ó esto…), lo cual limita nuestra visión y oportunidades. Se presentan inconvenientes, situaciones difíciles y complicadas, pero siempre hay forma de sobreponerse y resolverlas. No es un optimismo exacerbado, simplemente las personas resilientes saben que no hay mal que dure 100 años. En muchas ocasiones hemos conocido a personas de las cuales al conocer sus historias y experiencias de vida, nos sorprendemos de su buen humor y actitud ante la vida. Efectivamente hay personas que siempre tienen esta predisposición para sobreponerse ante las eventualidades, y también existe la manera de aprender la resiliencia y desarrollarla.

¿Cuáles son la habilidades y competencias para desarrollar la resiliencia? Pues veamos cuales son:

1.- Se dan cuenta

2.- Creatividad

3.- Flexibilidad

4.- Buen humor

5.- Generan Abundancia

6.- Posibilidades

7.- Confianza en si mismo.

8.- Objetividad

9.- Responsabilidad

10.- Asertividad

11.- Contexto positivo

Esto nos lleva a concluir, que un bajo nivel de tolerancia a la frustración, no saber postergar la recompensa, el querer “tener la razón”, el “a mi manera” y el autoengaño. Son precisamente las habilidades, conversaciones y comportamientos que requerimos modificar o desarticular, sin duda fundados en hábitos, costumbres, creencias y estilos de hacer las cosas.

La resiliencia entonces es una capacidad que podemos desarrollar, dice la filosofía Zen: “Si te caes 8 veces, levántate 9″. Tener la fortaleza para sobreponerse ante las adversidades no es un acto de fe, respetando las creencias individuales, es un acto de voluntad, es una elección que esta fundamentada en el poder personal. Es la máxima expresión de la intención, de ese deseo, coraje, valor de salir adelante.