Branding personal

En los últimos años hemos visto un crecimiento exponencial en la oferta de servicios en materia de capacitación, conferencias, consultoría, coaching, apoyos terapéuticos y psicológicos. Son varias las razones por las que cada día más personas nos dedicamos a estos temas. Entre ellas se encuentra el deseo de ser profesionistas independientes que después de muchos años como empleados o empresarios deseamos ser dueños de nuestras agendas y horarios. También sin duda esta el tema de la edad, después de los cuarenta años las oportunidades de emplearse ocupando altos cargos enviando nuestra hoja de vida a diestra y siniestra, más bien parece un acto desesperado. La ventana de la oferta laboral se reduce dramáticamente a un promedio de edad entre los 25 y 35 años. El personal de recursos humanos requiere contratar personal joven y con experiencia, sin lugar a duda, toda empresa busca esos perfiles. Por otro lado cuando rebasas la frontera de los cuarenta, cada día son menos las empresas que se atreven a contratar a personas desempleadas en busca de nuevas oportunidades. La tendencia al “home office”, las estructuras matriciales, que sustituyen los clásicos organigramas verticales. La integración de equipos globales por proyecto. Este es un cambio de rumbo, para el cual requerimos estar preparados para que no nos tome por sorpresa.

Desde el inicio del siglo XXI, hace apenas 17 años; hemos sido testigos de la creación de cientos de firmas integradas por pequeños grupos de profesionistas independientes que ofrecen sus servicios. Para estos despachos después de varios años, ha sido necesario crear y posicionar su marca. Ahora bien, la tendencia nos dirige hacia las marcas unipersonales.

Sin duda la competencia de los mercados nos invita a continuar preparándonos y adicionando herramientas, incrementando nuestras habilidades y competencias. Entrando como diría Alvin Tofler al esquema de “aprender, desaprender y reaprender”, para no quedar en la obsolescencia temprana.

Sin embargo, las personas que nos hemos dado a la tarea de formar y capacitar no solo desde el ámbito académico, también en el organizacional. Vemos que aun cuando muchos individuos cuentan con amplísima formación e incluso experiencia. Cuando se ofertan como profesionistas independientes en las áreas de consultoría, coaching ejecutivo, apoyos terapéuticos o psicológicos carecen de una imagen personal y “branding personal” que estén alineados con su oferta.

Haciéndome cargo me mis juicios, veo constantemente a grandes maestros (coaches, consultores, terapeutas, conferencistas, psicólogos, instructores, capacitadores) cuya indumentaria, facilidad de palabra, tarjetas de presentación, direcciones de correo electrónico, firmas digitales, papelería personal, logotipos, nombres comerciales, etc. etc. No solo no venden, sino que ahuyentan a sus posibles clientes. Y en el peor de los casos logran resultados muy pobres en relación a su potencial.

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¿Qué significa ser resiliente?

Según la real academia de la lengua, resiliencia significa, la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite o adversas y sobre ponerse a ellas. Existen un sin numero de situaciones que nos ponen a prueba día a día, además para cada uno, esas eventualidades pueden ir desde perder el empleo, terminar una relación, la muerte de un ser querido, una enfermedad, la situación económica, la cancelación de un proyecto. El incumplimiento de pago, el maltrato, la bancarrota de un negocio. En fin son muchas las situaciones que nos pueden llevar al extremo, sentirnos que estamos en el limite de lo permisible y aceptable. Estas situaciones generan mucho dolor y sufrimiento. En infinidad de ocasiones creemos que aun cuando tenemos la fuerza y la voluntad, lo que nos esta ocurriendo, nos rebasa, satura y se vuelve inmanejable e incontrolable. En muchas ocasiones he escuchado decir, que la única forma de tomar impulso para salir, es tocando el fondo. Existen dos posibilidades ante estas situaciones, dejarnos hundir y entrar en la dinámica del péndulo victima-culpable o estar dispuestos a darnos cuenta, hacernos cargo y salir adelante fortalecidos.

Una persona resiliente es aquella que es capaz de sobreponerse a la situación, aprender de ella y salir fortalecida. Son como jugadores de ajedrez, tienen la capacidad de anticiparse a varios movimientos, antes de que ocurran, esto no significa que suponen o solo intuyen, significa que analizan los posibles escenarios y a partir de ellos toman decisiones. Para estas personas la vida no es dura, difícil y complicada, sino la ven como un lugar lleno de posibilidades y oportunidades. Y hablamos de posibilidades y no de opciones, porque del primero se desprende la conjunción (…esto y esto y esto…) y del segundo se plantea una disyunción (… esto ó esto…), lo cual limita nuestra visión y oportunidades. Se presentan inconvenientes, situaciones difíciles y complicadas, pero siempre hay forma de sobreponerse y resolverlas. No es un optimismo exacerbado, simplemente las personas resilientes saben que no hay mal que dure 100 años. En muchas ocasiones hemos conocido a personas de las cuales al conocer sus historias y experiencias de vida, nos sorprendemos de su buen humor y actitud ante la vida. Efectivamente hay personas que siempre tienen esta predisposición para sobreponerse ante las eventualidades, y también existe la manera de aprender la resiliencia y desarrollarla.

¿Cuáles son la habilidades y competencias para desarrollar la resiliencia? Pues veamos cuales son:

1.- Se dan cuenta

2.- Creatividad

3.- Flexibilidad

4.- Buen humor

5.- Generan Abundancia

6.- Posibilidades

7.- Confianza en si mismo.

8.- Objetividad

9.- Responsabilidad

10.- Asertividad

11.- Contexto positivo

Esto nos lleva a concluir, que un bajo nivel de tolerancia a la frustración, no saber postergar la recompensa, el querer “tener la razón”, el “a mi manera” y el autoengaño. Son precisamente las habilidades, conversaciones y comportamientos que requerimos modificar o desarticular, sin duda fundados en hábitos, costumbres, creencias y estilos de hacer las cosas.

La resiliencia entonces es una capacidad que podemos desarrollar, dice la filosofía Zen: “Si te caes 8 veces, levántate 9″. Tener la fortaleza para sobreponerse ante las adversidades no es un acto de fe, respetando las creencias individuales, es un acto de voluntad, es una elección que esta fundamentada en el poder personal. Es la máxima expresión de la intención, de ese deseo, coraje, valor de salir adelante.

Creo lo que Creo

¿Qué significa creo lo que creo?

Hace algunos años articule esta frase, con el propósito inicialmente de trabajarla conmigo, para posteriormente poderla compartir. Se que pudiera haberla estructurado de otra forma. Sin embargo, la intención de hacerlo de esta manera es para llevarte a la reflexión, en un principio para captarla, entenderla y después para ver que más oculta, ante lo que pudiéramos considerar evidente. Este juego de palabras tiene como propósito encontrarle diversos significados, el primero de ellos nos lleva a la confirmación. Es decir; estoy seguro de lo que creo. Estoy convencido de mis creencias. Ahora bien, no nos quedemos en la superficie, te invito a que te des permiso de ir más profundo. Una de los atractivos que le encuentro a la riqueza de nuestro idioma, es que a veces una misma palabra tiene diferentes significados.

¿Qué mas quiere decir, “Creo lo que creo”. Si estas dispuesto a encontrarle otros significados entonces podrás concluir que el primer “Creo” esta relacionado con las creencias y el segundo “Creo” esta relacionado con la creación o viceversa. Veámosle otro significado al “creo lo que creo”. Esta frase nos lleva a un nuevo y mas profundo mensaje: “ Creer para Crear”. Así de poderosas son nuestras creencias. Una creencia, si nos salimos del ámbito religioso, esta directamente relacionada con una premisa, idea o concepto de la cual estas convencido y has hecho tuya, te pertenece. Con el paso del tiempo una vez que hemos articulado una creencia, hemos buscado y encontrado una y otra vez, evidencias que la confirman, dado lo cual nos convence, nos lleva a tener la certeza de que es correcta y “real”, aunque solo sea para nosotros mismos. Nuestras creencias como lo comenté en el libro “El despertar de la Conciencia” son muy poderosas y constituyen las capas de la cebolla que hemos ido superponiendo una encima de otra y que hoy en día, constituyen nuestra mascara, armadura o muro de protección. Ahora bien una creencia profundamente arraigada nos lleva al espacio de crear en el mundo físico, en el exterior, contextos, eventos, situaciones que la confirman.

Y como bien lo planteo Henry Ford: “Si tu crees que estas bien, ó si tu crees que estas mal, en ambos casos tienes razón, porque es lo que tu crees”. Creer para crear entonces es un concepto muy profundo y poderoso. Lo que yo creo en mi interior me lleva una y otra vez a crear en el exterior. Es el momento entonces de preguntarnos. Si no estoy satisfecho con lo que estoy creando, ¿qué es lo que requiero cambiar? ¿lo que estoy creando? O ¿lo que estoy creyendo? Es cierto, que pudiéramos enfrascarnos en una argumentación dialéctica y epistemológica sobre el concepto, sin embargo perderíamos el propósito de hacer de este articulo algo fácil de leer y consultar. En diversas ocasiones mis respuestas a las preguntas anteriores me han llevado a la conclusión de que solo cambiando, desarticulando, sustituyendo mi creencia podré modificar lo que estoy creando. ¿cuántas veces te ha ocurrido que estás convencido de que ahora si estas haciendo las cosas de manera diferente, para después concluir que los resultados fueron los mismos. Dentro de las muchas frases que se le atribuyen a Albert Einstein, está una que se dice es la definición de locura: “Volver a hacer lo mismo, pensando que esta vez, los resultados serán diferentes.”

Si deseo lograr, obtener resultados diferentes, entonces lo que requiero cambiar no es lo que estoy creando, sino lo que estoy creyendo. Para crear cosas diferentes lo que requiero es creer cosas diferentes. Esto implica articular otras o nuevas creencias para dejar de obtener los mismos resultados.

Vivir en el péndulo víctima – culpable

Cuantas veces lo has dicho, ¿qué crees que me paso, se me descompuso el auto? ¿qué crees que me paso, se me pincho una rueda del auto? Y al compartirlo, tal pareciera que fuimos víctimas de las circunstancias como si producto de un maleficio, hechizo o mala suerte nos hubiera ocurrido. Sin tomar en cuenta en ningún momento, que nosotros fuimos los causantes. Realmente son muy pocas las situaciones en donde somos totalmente ajenos a lo que paso, a lo que ocurre. De hecho los investigadores en psicología y psiquiatría han podido demostrar porcentualmente que alrededor del 98 % de las cosas que decimos que nos pasan, que nos ocurren; sino somos responsables del 100%, al menos somos corresponsables, dejando solo un 2 % a las situaciones que nos ocurren aleatoriamente, sin responsabilidad alguna de nuestra parte. La mayoría de las cosas, no nos pasan, no nos ocurren, nosotros de manera inconsciente hacemos o participamos para que ocurran.

Los seres humanos somos cuenta cuentos, “storytellers” como dirían en ingles, nos pasamos toda la vida contando y contándonos cuentos, en donde “queremos tener la razón” y “hacer las cosas a mi manera”, planteamos las cosas de tal forma que nos parece increíble, inverosímil, ilógico lo que nos ocurre. Acomodamos las cosas de tal manera, que cualquiera que nos escuche nos dirá que tenemos razón y que estamos siendo víctimas de una situación o persona. Ademas una vez que construimos el cuento, le vamos adicionando detalles, lo vamos coloreando, lo hacemos mas dramático, mas grave, nuestros interlocutores o nosotros nos compramos el cuento. Esto no pára aquí, ademas como lo seguimos pensando y pensando, se siguen disparando emociones y sentimientos lo cual no hace entrar es una espiral descendente que fácilmente nos lleva a las posiciónes de víctimas o de culpables.

Y es por ello que usualmente adoptamos ante lo que supuestamente nos ocurre, dos posiciones muy claras, o nos sentimos víctimas de las circunstancias o nos sentimos culpables de nuestra incapacidad para resolver o por no habernos dado cuenta. Imaginemos entonces lo que hemos llamado el péndulo de la vida, un péndulo, que suele ser un elemento suspendido y que sujeto mediante un hilo, cuerda o cable a un punto, tiene un movimiento oscilatorio vertical lateral de un punto a otro.

Llamaremos a un o de los puntos “Víctima” y al otro punto “Culpable”. Este movimiento oscilatorio nos hace pasar secuencialmente de víctima a culpable, para nuevamente regresar a víctima, en ocasiones desaparece el movimiento, y a la menor provocación (interpretación) se activa, en otras ocasiones se acelera el movimiento o por ultimo, a veces se queda mucho tiempo en uno de los extremos. ¿cómo podemos detectar que estamos en el movimiento pendular en uno u otro extremo?

Veamos cuales son las características de alguien que adopta la posición de Víctima.  ¿cuándo te sientes forzado un obligado a hacer algo por un tercero o por una razón externa, que dices? La frase más utilizada es: Tengo que… (tengo que hacer, llevar, traer, terminar, entregar) y sentirnos obligados o forzados por agentes externos, nos incomoda. Este sentimiento es reflejo de un estado emocional que hemos detectado y que identificamos como resignación. La resignación es no aceptar algo, pero sentirme obligado a hacerlo y además incluye sentimientos de hartazgo, infelicidad, opresión, incomodidad.

Cuando estamos en la posición de víctima, nos volvemos expertos en la manipulación y el chantaje. Operamos desde una zona de confort, en lugar de movernos de esa posición, entramos en la dinámica del mínimo esfuerzo, entonces otros, nuestros amigos, familiares, gente cercana, nos pondrá atención, estará al pendiente, hará cosas por nosotros, y a esto los terapeutas o psicólogos lo han denominado, “ganancias secundarias” o “recompensas ocultas”, porqué no nos movemos y logramos algo, aunque sea mínimo, porqué es mas cómodo, aunque en el fondo no nos guste.

Veamos las características que alguien adopta la posición de Culpable.  En la culpa usualmente se activa el deber/ser,  hay ciertas creencias relacionadas con principios morales que nos llevan a la culpa cuando sentimos que no estamos siendo congruentes con lo que se esperaría de nosotros y es por ello que nos forzamos u obligamos a determinadas acciones o comportamientos. ¿cuándo nos forzamos u obligamos interiormente a hacer algo, que decimos? La frase que más utilizamos es: Debo de… (debo de hacer, llevar, traer, terminar, entregar) y sentirnos forzados u obligados por nosotros también nos incomoda. Este sentimiento nos lleva a utilizar una de las herramientas del autoengaño conocida como evasión, como no nos gusta lo que sentimos buscamos dejar de sentirlo.

Ahora bien, si ya me identifique que estoy en la posición de víctima o de culpable, ¿qué es lo que requiero para salirme de ahí?  Pues la invitación sería: Darme cuenta y parar para poder hacerme cargo.

Darme cuenta y hacerme cargo, me posibilita en este movimiento oscilatorio de extremo a extremo, entendiéndolo como los laterales de un triángulo a dibujar imaginariamente una línea vertical, justo partiendo del vértice superior hacia abajo, a esta línea cuando elegimos no ser ni víctimas, ni culpables, después de darnos cuenta y hacernos cargo, ¿qué nombre le pondrías? A este espacio lo llamamos responsable. Cuando elijo ser responsable, opero desde la libertad, desde mi poder interior, ¿cuáles son las frases que digo? Usualmente son: voy a…, decido, puedo, me doy permiso, elijo, requiero. Cuando hay libertad, cuando no me resigno o me evado, entonces genuinamente acepto, no hay sentimientos de incomodidad.

¿qué es aceptar? Es un acto voluntario de un persona de admitir algo. Esta admisión, aceptación solo se concreta cuando no existe una carga emocional negativa. Sin embargo, es aquí en donde se presenta la mayor dificultad. Cuando estamos obsesionados (pensamientos y emociones recurrentes negativos) mientras no dejemos de sentir, los sentimientos resultado de las emociones negativas, no existe la posibilidad de aceptar. A veces creemos que ya soltamos la obsesión, que estamos en el camino de la intención, que tenemos la seguridad y la certeza, lo cual entonces presupone que estamos aceptando, pero si se despiertan en nosotros emociones que detonan sentimientos negativos, entonces adoptaremos la posición de víctimas y estaremos confundiendo la aceptación, con resignación. ¿qué es la resignación? La definición aceptada dice que es, la entrega voluntaria que alguien hace de sí poniéndose en las manos y voluntad de otra persona. O conformidad en las adversidades. Analicemos la primera, sin meterme en complicaciones relacionadas con creencias religiosas, tal pareciera que es entregarse voluntariamente y ponerse en manos de un poder divino para superar la adversidad. Y la segunda habla de reducirse, sujetarse voluntariamente a hacer o sufrir algo por lo cual se siente alguna repugnancia. Estarás de acuerdo conmigo, que en cualquiera de los dos casos, tal pareciera que entonces no nos queda ninguna otra posibilidad, solo es cuestión de esperar, de aguantarse, de dejar pasar las cosas. Con todo respeto, es mi creencia que ninguna de las dos alternativas nos sirve. Pues es, como si estuviéramos imposibilitados de hacer algo al respecto. La resignación nos lleva al espacio de hacer algo que no nos gusta, no nos parece, pero que hay que sufrir y aguantar. Nos lleva una vez más al sacrificio y a sentirnos víctimas de las circunstancias. Y quedarnos atrapados en la resignación nos lleva inevitablemente a la depresión.

En otras ocasiones, cuando no nos gusta lo que sentimos al haber adoptado la posición de culpable, entonces el reprocharnos a nosotros, al cuestionarnos, al juzgarnos fuertemente, y entrar en la dinámica de descalificarnos, yo tenia que haber hecho… yo debería de haber dicho… y las emociones que se despiertan y que las sentimos profundamente no nos gustan, por lo cual, las evitamos y nos evadimos. Recordemos que evadirnos desde el espacio del autoengaño, nos lleva a construir argumentos, razones, motivos, pretextos que nos tranquilizan momentáneamente que y se presentan una y otra vez.

Así que, el camino de la responsabilidad solo ocurre cuando me doy cuenta y estoy dispuesto a hacerme cargo. Existe una genuina y autentica aceptación. No hay obligación, somos libre de elegir, decidir y sobre todo cuando operamos desde la auto exigencia a “darnos permiso”. Desarticulamos el movimiento pendular y entramos en los terrenos de estar dispuestos a hacernos cargo aceptando y eligiendo, siendo responsables.

¿Cuál es el más grande regalo que te puedes hacer?

el mas grande regalo

Reflexiónalo. Puedes en una lluvia de ideas, articular una infinidad de argumentos. De acuerdo a mi experiencia al escuchar diversas respuestas en tantos foros, así como siendo congruente con mi profesión: sin juicio alguno, podría interpelarte y decirte que no es lo que estás pensando.

Entonces, ¿cuál será?

Haz un pequeño recuento de cómo fue tu día, hoy. Es un día entre semana. Estabas dormido, sonó la alarma del despertador. Te levantaste, bañaste, vestiste, desayunaste (o te tomaste algo rápido o algo para comer en el camino). Llevaste a tus hijos a la escuela (o te despediste de ellos, o hablaste con tu pareja unos minutos). Si vives solo, te subiste al auto o al transporte para ir al trabajo. Transcurrió un tiempo y llegaste a tu oficina. Y empezaste tus labores: juntas, llamadas, mails, conversaciones, presentaciones, documentos. Quizá a media mañana, tomaste un té o un café (o varios), un bocadillo, una barra de cereal o un yogurt (o no tuviste tiempo y no comiste o bebiste nada). Muchas actividades, carga de trabajo, cientos de pendientes, atender cosas urgentes. Decenas de actividades casi simultáneamente, la agenda saturada y/o la misma rutina de todos los días, ¿tu mente? ocupada todo el tiempo. Al mediodía, te diste tiempo para salir a comer, compraste una ensalada o un emparedado (o bien le pediste a alguien que te trajera algo), también pudo ser que a la hora que volteaste a ver el reloj ya eran las cuatro o cinco de la tarde y ¡no habías comido nada! aunque tu estómago ya llevaba un largo rato avisándote que le hacía falta algo de alimento; sin embargo, te dijiste: Cuando llegue a la casa comeré algo. Transcurre la tarde y continúas trabajando. Piensas: ¡Qué barbaridad! por más que quiero avanzar, todavía tengo muchos pendientes. Entras a juntas llevando tu computadora, teléfono inteligente y se te ocurre: Como no tengo idea a qué hora terminará esta reunión, aprovecharé para adelantar pendientes, terminar escritos, contestar correos. Coordinas unas citas o informes. Ya es tarde y decides salir del trabajo. Por fin regresas a casa (o quizá te das tiempo para ir al gimnasio un rato). Mucho tráfico, las calles llenas de autos. Llegas a tu casa y sin más, decides seguir trabajando en la computadora (o sentarte a ver la televisión y desconectarte del mundo). Cuando checas el reloj ya son las once o doce de la noche. ¡Es hora de irse a dormir, mañana hay que levantarse temprano!

Acabo de describir brevemente tu día. Así lo vives todos los días, todas las semanas, todos los meses, todos lo años. Con alguno que otro evento de por medio como reuniones con amigos o familia, bautizos, primeras comuniones, bodas, funerales, quizá, muy de vez en cuando, vayas al cine, teatro, un concierto; esporádicamente o casi nunca, una salida de la ciudad, unas vacaciones cortas. Viviendo la vida como se supone que la vivimos todos.

Acaso en algún momento te preguntas: ¿Así es cómo quiero vivirla?, ¿esto es realmente lo que quiero? Si te respondes: No tengo de otra; así es y así será. ¿Acaso tu creencia es: Son los precios a pagar para poder sobrevivir, a mi nadie me dijo que puede ser diferente?

Te comparto datos estadísticos: se calculó que en el 2016, éramos 7,854,822,000 de seres humanos que habitábamos este planeta. De los cuales, según datos publicados por la División de Población del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la Secretaría de las Naciones Unidas, en su informe: “La situación demográfica en el mundo en el 2016”, la población económicamente activa era aproximadamente de 5,959,857,000 de personas. De acuerdo a lo que han demostrado las últimas investigaciones relacionadas con mindfulness, publicadas en diversos libros, entre ellos: Mindfulness-based Cognitive Therapy for depression4, de los autores Zindel V. Sagal, J. Mark G. Williams y John D. Teasdale, se calculó que menos del 2% de la población tenía el suficiente nivel de conciencia para vivir en el aquí y ahora.

¿Qué quiere decir lo anterior? Casi la totalidad de la humanidad vivimos como auténticos zombies, autómatas, borregos, es decir, en el automático. Entonces, ¿qué puedes hacer para salirte de ese lugar?

Como coach y consultor, estoy al servicio de las personas que me comparten sus problemáticas y necesidades al acompañarlos y llevarlos a la reflexión de sus propios descubrimientos. Estoy convencido que aunque el propósito del coaching es que por medio de conversaciones reflexivas e insights (introspección), se logren descubrimientos, cambios de perspectiva, desarticulación de creencias tóxicas y aunque en otros modelos no se compartan herramientas y técnicas para aprenderlas, ponerlas en práctica y recurrir a ellas en caso de duda o reforzamiento, nosotros con nuestra metodología consideramos que “Sí” y éstas han resultado muy poderosas, en mi quehacer personal y el de mis colegas. Si sumamos a lo anterior, que para mí, el poder salir del automático, ha implicado de manera imprescindible estar aquí y ahora, entonces regresaré a la pregunta, ¿cuál es el más grande regalo que te puedes hacer?

Lo que te voy a compartir a continuación, no es cualquier cosa, muchas veces generó mucha expectativa al cuestionarlo y cuando digo la respuesta, muchas personas me dicen: —¡No!, ¿cómo crees?, por un momento pensé que me ibas a decir algo muy importante, casi como dar a conocer un tesoro de la filosofía, oculto y perteneciente a sectas milenarias”.

El más grande regalo que te puedes hacer es: ¡DARTE CUENTA!

¿Darme cuenta de qué?

¡De todo lo que puedas!

En el idioma inglés, la referencia directa sería el término conocido como awareness, para la cual no hay traducción literal al castellano. El autor José Hierro-Pescador en su libro, Filosofía de la mente y de la ciencia Cognitiva cuestiona: ¿Qué diferencia pretenden establecer los autores en inglés entre consciousness y awareness? Daniel C. Dennett en su libro Content and Consciousness, propone tomar aware como un término que connota intencionalidad, y que por tanto incluye un contenido o supone un objeto, y tomar conscious (conciencia) como un término no intencional, en relación a una atención plena.

 En el idioma castellano estaríamos hablando de la diferencia entre “conciencia” y consciencia”, de lo cual en próximos aportes profundizare. Entonces, en este estado de awareness (alerta permanente, sin la consabida presuposición de peligro), este darte cuenta intencionalmente con el objeto, al estar consciente tanto de lo que ocurre a tu alrededor como en tu interior, la mayor parte del tiempo que te sea posible, tiene un propósito. Desde la aproximación ontológica estaría hablando no sólo del observador del observador. Esta acción implica que no sólo observas lo que ocurre afuera, sino que además, eres capaz de ver lo que ocurre contigo (en tu interior) en relación a lo que pasa afuera. Y si a lo anterior, le sumo que lo haces de manera intencionada y deliberada porque eso te permite estar atento, despierto, alerta de lo que ocurre dentro y afuera, entonces empezarás a darte cuenta y esto, si te das permiso, puede convertirse en un auténtico parteaguas en tu vida.

¿cual es el origen del estrés?

Se han escrito cientos de libros y miles de publicaciones relacionadas con el tema. Desafortunadamente hasta ahora, habían sido muy pocos los científicos e investigadores que de manera simple pero muy explicita nos podían demostrar cual es el origen del estrés.  A partir del trabajo de investigación que realizó el Dr. Daniel Goleman  cuando publicó en 1992 su mundialmente conocido libro “Inteligencia emocional”, la cantidad de información y conocimiento generada al respecto es inmensa. Ha sido tarea no solo de los científicos, sino también las aportaciones resultado de la practica cotidiana de psiquiatras, psicólogos, terapeutas y en los últimos años coaches. Que se ha podido concluir que el estrés es el resultado de nuestros pensamientos y emociones recurrentes.

¿que significa lo anterior? pues bien; si buscamos en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española la definición de la palabra obsesión, encontramos lo siguiente: Perturbación anímica producida por una idea fija. Idea fija o recurrente que condiciona un determinada actitud. En resumen, pensamientos y emociones fijos o recurrentes que determinan una actitud o comportamiento.

Entonces más del 90 % del estrés es resultado de la obsesión. Afirmación que suena muy pretensiosa y que habra de fundamentarse. Las emociones y pensamientos se originan por dos vías, estimuló externo o reflexión interna. Como ya habíamos comentado en una entrada anterior,  si la emoción dura solo 500 milisegundos, entonces con lo que nos quedamos es con la dupla de pensamientos y sentimientos.

Analicemos de manera descriptiva y secuencial, sin buscar invadir terrenos de especialistas que no me corresponden, como se activa este proceso:

1.- Estimulo externo o pensamiento interno.

2.- Nos quedamos enganchados con el  o los temas y resultado de lo anterior se generan pensamientos o sentimientos recurrentes. (Darle vueltas y vueltas a uno o varios asuntos). Como diría la  gente de campo,  “actuando como vacas, rumiando y rumiando el bolo”.

2.- Se generan pensamientos y sensaciones de inseguridad, incertidumbre, suposiciones, preocupación (pre = antes de, ocuparse).

3.- Esos pensamientos y sentimientos se convierten en angustia y ansiedad.

4.- Se lleva al cuerpo la angustia y ansiedad. Es decir; los pensamientos y sentimientos resultado de la angustia y la ansiedad llevados al cuerpo, somatizándolos,  son el estrés.

¿Como se manifiesta el estrés? Es decir; como lo llevamos al cuerpo (somatizarlo). Es una muy larga lista, pero destacaremos las principales:

Insomnio, dolores de cabeza, neuralgia, mareos, perdida de la atención, aumento ritmo cardiaco, confusión, gripes recurrentes, alergias, ataques de pánico, sudoración, contracturas musculares, impaciencia, ataques de ira, gastritis, colitis, fatiga, etcetera.

El cuerpo siempre avisa, es nuestro tablero de control. Pero parece que poco caso le hacemos. Y cuando sentimos alguna molestia, acudimos de inmediato a los medicamentos y los usamos como paliativo. Nos quitamos la molestia o el dolor físico. Pero, nada estamos haciendo para buscar cual es el origen y evitar que vuelva a ocurrir. Como lo he compartido en más de una ocasión trabajando con académicos e investigadores. “El cuerpo no solo sirve para cargar la cabeza”. Y poca o nula atención le ponemos al cuerpo que siempre nos esta avisando en que condiciones estamos.

Si queremos resolver nuestro problema de estrés, el 50 % de la solución es que identifiquemos y hagamos consciente cuales son nuestros pensamientos y sentimientos recurrentes, identificar cual es el tema ó los temas con los que estamos atorados.

Una vez conscientes del tema o temas con los que estamos enganchados, requerimos diseñar una estrategia para hacernos cargo, uno a uno. El quedarnos paralizados o sentirnos rebasados no nos sirve. Como dice la filosofía Zen, “sin prisa, pero sin pausa”. Y actuando como dirían mis amigos colombianos: “Diciendo y haciendo, mijito”.

Constantemente se lo comparto a los directivos y ejecutivos con los que trabajo. “Yo me comprometo a que se reduzca al mínimo, o bien desaparezca el estrés de tu vida. Si tu te comprometes a identificar tus pensamientos y sentimientos recurrentes, el tema que los origina y te hagas cargo”.

¿cuanto dura una emoción?

En los últimos cincuenta años, cientos de psicólogos, biólogos, neurólogos, psiquiatras han aportado infinidad de estudios e investigaciones. Especialistas como John Mayer y Peter Salovey, precursores de la Inteligencia Emocional (EQ) contribuyeron desde 1970 y abrieron el camino para una infinidad de científicos e investigadores.  Veamos solo algunas de las aportaciones de estudiosos como: el Dr. Antonio Damasio (médico, neurólogo, profesor e investigador portugués), autor de muchas publicaciones e investigaciones y de dos libros intitulados: El error de Descartes (1994) y En busca de Spinoza (2003); el Dr. Daniel J. Siegel (médico psiquiatra, profesor e investigador norteamericano), autor también de muchas publicaciones, investigaciones y de libros como: Developing Mind (1999), The Mindful Brain (2007), Mindsight (2010) y Brainstorm (2013) y el Dr. Richard J. Davidson, (científico, investigador, profesor de Psicología y Psiquiatría), autor de infinidad de publicaciones y de los libros: El perfil Emocional de tu cerebro (2012), The Mind´s own Physician (2013).

 ¿Qué es una emoción?

De manera muy simple, está relacionada con una secuencia de acciones enteramente biológicas. Su propósito es activar alguno de los 63 neurotransmisores contabilizados hasta el momento (endorfina, serotonina, gaba, dopamina, norepinefrina, adrenalina, acetilcolina, por mencionar algunas) y controlar el sistema endocrino (hipófisis, pituitaria, tiroides, suprarrenales, etc.) que producen hormonas, enzimas y proteínas (aminas, esteorideas, péptidos, proteicas, entre otras). Básicamente las emociones residen en el sistema límbico (insula, giro cingulado, amígdala, hipotálamo, hipocampo, fornix, septum, corpo mamilar) con participación de las cortezas prefrontales entre ellas los lóbulos prefrontales.

¿Qué es un sentimiento?

Es el resultado de esa secuencia de acciones generadas por las emociones. Todos los seres humanos estamos dotados, equipados con el mismo set de emociones desde que nacemos. Hay un aprendizaje que permite asociarlas con sus correspondientes sentimientos, situaciones u objetos. Hay dos maneras básicas para que actives tus emociones. La primera es ante un evento en tu entorno que te hace actuar aunque todavía no se haya activado el sentimiento. Y la segunda es cuando desde la memoria o pensamiento se detona una emoción que activa un sentimiento. En palabras de Damasio: Una definición rápida puede ser que mientras las emociones son acciones biológicas, los sentimientos de esas emociones son las interpretaciones compuestas que provienen del estado del cuerpo durante la emoción.

 ¿Cuánto dura una emoción?

Resultado de las investigaciones y estudios sobre el proceso de las emociones y los sentimientos al usar una técnica llamada magneto-encefalografía, se pudo determinar que desde el comienzo del proceso de la emoción hasta que se activa el sentimiento, transcurren en promedio 500 milisegundos, equivalente a medio segundo. El proceso emocional tiene repercusiones biológicas que se sentirán en el cuerpo aproximadamente entre siete y diez segundos después.

¿Con qué te quedas cuando desaparece la emoción?

Con los sentimientos.

Este es el momento de diferenciar el sentir y los sentimientos para evitar confusiones.  No todo lo que se siente (comezón, piquete, sensación de frío, calor) proviene o deriva en un sentimiento.

Sentir proviene usualmente de una sensación de algo que se percibe en el cuerpo: dolor de estómago y/o cabeza, mareo, sucio, empolvado, sudado.

Sentimiento lleva directo al espacio emocional.

Resultado de muchas de las limitaciones del lenguaje se puede recurrir a usar términos que se expresan igual y no significan lo mismo, por ejemplo: Me siento enojado, porque me siento sudado. El primer siento proviene del sentimiento y el segundo, del sentir como sensación.

¿Cuál es el propósito de la emoción?

El propósito de toda emoción es que te des cuenta que la estás sintiendo (sentimiento). Puede tener otros propósitos relacionados con las reacciones físicas que se requieren ante el miedo, la ira, la tristeza, la alegría, por mencionar algunas. El darte cuenta que estás sintiendo enojo, de ninguna manera, puede evitar que se suspenda o se detenga el proceso biológico activado. Esto echa por tierra, los viejos argumentos sobre controlar las emociones porque eso es imposible. Yo no le puedo decir a mi amígdala o mi ínsula: –No actives tal neurotransmisor, no estimules la pituitaria o las suprarrenales. Estos procesos homeostáticos (de regulación interna) no son controlables o manipulables a voluntad, es como pedirle al corazón que deje de latir, a la sangre que ya no circule o al estómago que detenga la digestión por mandato racional.

Desde la infancia se demanda el control de las emociones y al no saber cómo hacerlo son reprimidas. Sigmund Freud expresó: La represión se castiga con la repetición. Lo que hemos hecho con resultados terribles ha sido reprimir nuestras emociones. La nueva medicina germánica del Dr. Ryke Geerd Hamer sintetizó lo que desde hace milenios se sabía: el poderoso vínculo entre la psique y la enfermedad. La correlación entre un pésimo manejo emocional y la aparición de enfermedades es altísima. En mi historial familiar puede existir una proclividad a que desarrolle cáncer, diabetes, hipertensión, ¿eso determina que se declararán en algún momento?, desde luego que no. No obstante, si a lo anterior le sumo un pésimo manejo emocional, quizá una o las tres enfermedades se manifestarán.

Hoy los científicos se han permitido hacer declaraciones con fundamento, que hace tan solo un par de décadas eran inimaginables. Aprender a saber que hacer con nuestras emociones (sentirlas, pensarlas, fluir y soltarlas) en primer lugar nos permitirán evitar enfermarnos. Y  en segundo lugar  resultado de incorporar la practica darnos cuenta y hacernos cargo.

Es necesario identificar cuales son las habilidades de liderazgo, gerenciales y directivas para su uso en las organizaciones

Un grupo de colegas coaches y consultores que en algún momento de nuestra historia profesional, fuimos micro, pequeños y medianos empresarios. Y que actualmente nos vemos inmersos en el mundo académico e investigación hemos podido concluir que en las instituciones universitarias en general no le son enseñadas a los jóvenes estudiantes de pregrado y a los de mayor experiencia en post grado, a diferenciar y aprender cuales son las habilidades y competencias especificas de liderazgo. ( Los líderes nacen y se hacen), gerenciales y directivas.

Y no estamos hablando de las habilidades y competencias técnicas. Desde luego tenemos la certeza que los abogados, diseñadores, arquitectos, ingenieros, administradores, economistas, etcetera. Salen muy bien preparados y, podemos concluir; que quienes cursan una especialidad o maestría, MBA, etc. también lo hacen. Sin embargo, después de haber podido trabajar con más de 4,000 directivos y gerentes en diversas organizaciones en México, latino america, EUA y Europa, hemos podido notar claramente que cuando cualquiera de ellos (excelentes profesionistas), accede a cargos donde se requiere que pongan en practica dichas habilidades y competencias, no tienen claras cuales son y menos usarlas.

Ha sido increíble conversar con Directores académicos de diversas instituciones universitarias y encontrarnos con que,  “por supuesto las tienen identificadas y las enseñan en sus aulas”.  Como si, al poner dichos temas “sobre la mesa” estuviéramos atentando contra la calidad o actualidad de sus programas académicos. Desde luego no estamos poniendo en duda la extraordinaria formación técnica. Lo que aun no les queda claro es que estas habilidades y competencias tienen mucho más que ver con la persona, que con su quehacer técnico profesional.

A finales del año 2016, resultado de un proceso de alineación e integración de equipos de alto desempeño, que incluía capacitación y coaching a un equipo directivo de un Banco con presencia internacional, corroboramos una vez más la ausencia de claridad y uso de todo este gran paquete de habilidades de liderazgo, gerenciales y directivas en personas que ocupan cargos de dirección general.  Es por ello que nos dimos a la tarea de desarrollar un proceso de intervención en la organización que hemos llamado “Liderazgo Consciente”, en donde mediante diagnósticos, consultoría, coaching individual y de equipo y capacitación, podemos trabajar a profundidad dichos temas, además de identificar los estilos de liderazgo que requiere la organización, cuadros de reemplazo, plan de carrera y los ajustes necesarios en la cultura organizacional.

Cada día son más las organizaciones que requieren desarrollar este tipo de habilidades y competencias en todos sus equipos y la única forma de hacerlo es aceptando que encontraran la solución para estas necesidades en la empresas de consultoría y coaching y no en las instituciones académicas. Espero que en un futuro cercano las universidades se abran a la posibilidad de escucharnos a quienes ademas de estar inmersos en empresas ocupando cargos directivos, somos también académicos e investigadores.

El coaching requiere desarticular ciertos paradigmas que lo empiezan a invadir.

En el ámbito del coaching, hacen falta muchas definiciones. A veces nos topamos  con miembros radicales del mundo del coaching instalados en “tener la razón” y convencidos de ser poseedores de la “verdad”. Desde hace algunos años me vengo encontrando a un grupo de personas que practican el coaching y que en su afán de ser puristas desconocen la historia y por ende dejan de tomar en cuenta cuales fueron los fundamentos de los cuales partió la practica del coaching. Entendamos que tanto PNL (NLP) que en un principio no era considerada una técnica de coaching sino una ciencia, esta basada totalmente en aportaciones psicológicas, en el caso del coaching sistémico ocurre lo mismo, y en relación al coaching ontológico sus fundamentos son filosóficos. Cuando empezó a usarse el coaching su única aplicación era en sesiones individuales de vida (life coaching) y vino a sustituir a la terapia breve, la terapia racional emotiva y/o cognitiva conductual, posteriormente se vio que usarlo en el ámbito laboral resultaba muy exitoso. 
 
En mi labor de investigación me he encontrado a escuelas o profesionales del coaching que han desarrollado habilidades y competencias que vienen desde el mundo de la consultoría, orientado 100 % a logro de metas, objetivos y resultados. En los últimos años el furor de las asociaciones internacionales ICF y WABC a creado bastante confusión ya que estas organizaciones se han auto nombrado los avales de las escuelas o metodologías de coaching (algo peligroso) ya que no son creadoras de nada y si son jueces de todo. Me sumo al esfuerzo de estandarizar los procesos (que tengan pies y cabeza) pero cuando empiezan a interferir y a juzgar que “si es” y que “no es” coaching sin conocimiento o fundamentos históricos nos encontramos con estos pseudo puristas que nos dicen que en los procesos de coaching ejecutivo no tiene porque trabajarse el “ser” porque solo están orientados al “hacer” cosa que desde mi experiencia esta totalmente equivocado. Hemos podido darle coaching transformacional (life/executive) a más de 4,000 directivos en diferentes países y organizaciones con extraordinarios resultados.
 
El coaching es un proceso que sin duda, proviene en gran medida de la psicología, la terapias, la consultoría, el mentoring, la capacitación, la filosofía, la corporalidad, el awareness, el mindfullness y que al integrar de todas ellas un poco, se ha convertido en un proceso de conversaciones reflexivas que no operan desde los juicios y que acompaña al otro a que se vea en sus máximas posibilidades personal y profesionalmente, logrando así un equilibrio en su vida.
Cuando creemos que el coaching ejecutivo no trabaja el “ser” solo está orientado al “hacer”, nos convertimos en tutores y mentores que mediante preguntas llevamos a cliente a cumplir sus metas, resultados y objetivos, sin siquiera preguntarles si están satisfechos con lo que hacen, si les gusta o si han encontrado ese “quehacer” que llena su “Ser”.
Desde mi experiencia personal como coach, después de haber tenido la maravillosa oportunidad de haber dado más de 9,000 sesiones, tengo claro que invariablemente durante los procesos surgen las problemáticas personales y profesionales y es nuestro compromiso y responsabilidad facilitar los procesos reflexivos para que nuestros clientes y patrocinadores generen los resultados deseados en equipos de trabajo de alto desempeño y con un clima laboral de armonía y paz.