Coaching

Este termino tan manoseado y vituperado, a veces es la llave de entrada en las organizaciones y en otras ocasiones el termino esta proscrito. ¿Qué ha ocurrido históricamente? Pues bien, esta actividad profesional requiere sin lugar a duda, que quien oferta este tipo de servicios en lo individual o como empresa, cuente con una formación solida.

¿Cuántas horas de formación implica lo anterior? Como dirían mis colegas coaches ontológicos, empezare con una afirmación (datos que se puedan verificar). Una formación solida equivale a por lo menos contar con 500 horas de estudio teórico. Y si lo anterior, lo llevamos a numero de programas, diplomados, talleres y/o certificaciones, pues sería, en el caso de las formales (que cuentan con avales internacionales), haber cursado y aprobado por lo menos de 3 a 5.

Hoy escuchamos a personas que ofrecen servicios de coaching empresarial, de salud, de pareja, tanatológico, de equipo, de vida, ejecutivo, inductivo, coactivo, ontológico, metacoaching, sistémico, organizacional, PNL, neurosemantica, transpersonal, gestáltico, transformacional, etcétera. Y ¿cuantos de los anteriores cuentan con avales nacionales o internacionales? Pues, no todos.

Desafortunadamente es tal la proliferación de pseudo escuelas y formaciones “patito”, que el mercado esta lleno de “pseudo” coaches, que no cuentan con la suficiente formación y experiencia. Esto, lo que ha ocasionado, es que quienes han tenido malas experiencias consideren que es un snobismo del desarrollo humano, una moda pasajera y una disfraz para “consultores” (expertos en un tema desempleados) que ahora se dicen “coaches”.

Así como nos encontramos con abogados, arquitectos, diseñadores, médicos, ingenieros con formaciones técnicas muy deficientes y nos preguntamos ¿como es que ostentan títulos profesionales? Lo mismo ocurre en el ámbito del coaching. No es posible que tomen un curso de 30 o 40 horas y que piensen que ya están listos para realizar esta actividad profesional.

Es por lo anterior, que han surgido una serie de organismos internacionales como la ICF, WABC, FLAPCO, ICC, FICOP entre otras. Cuyo propósito, muy loable, es certificar que quienes cuentan con sus credenciales, tienen las habilidades y competencias para realizar esta actividad. Celebro la existencia de estos organismos, en muchas ocasiones creadores de nada y jueces de todo. Pero, por lo menos formalizan al gremio.

Si estas interesado en contratar a un coach o una empresa que ofrece estos servicios, te sugiero que verifiques el numero de certificaciones, formaciones y acreditaciones nacionales e internacionales con las que cuentan. Por supuesto también es importante saber cuantas horas de experiencia tiene cada coach. En el caso de la ICF su credencial ACC indica 100 horas de experiencia, PCC indica 500 horas y MCC 2,500 horas.

Ahora también, nos encontramos con decenas de personas que se ostentan como “master” coaches. Si a mi me preguntaras ¿eso equivale a cuantas horas? Con todo respeto me parece que 2,500 son pocas. Se dice en el argot académico o educativo que se adquiere la maestría en un actividad cuando se cuenta por lo menos con 9,000 o 10,000 horas de practica/experiencia. Si te topas con alguno de estos “supuestos master coaches”. Pregúntale, ¿cuantas horas tiene de experiencia? Ó ¿si es creador de alguna metodología registrada y probada en el mercado?

De la organización a la acción…

Toda empresa, institución u organización como lo definió hace algunos años el Dr. Humberto Maturana (Biólogo y epistemólogo Chileno) es una “Coordinación de conversaciones”. Esta misma definición la podemos llevar al ámbito de familia, pareja o individuo, desde luego será tema de alguna otra reflexión.

Entonces, sí una organización son sus conversaciones por encima de su infraestructura, capital, mercado, productos, materia prima y personal. ¿Todo ocurre en el espacio conversacional? Sí, y sin duda, esta que pudiera sonar como una afirmación reduccionista, no lo es. Efectivamente, todo ocurre en el espacio conversacional. Más del 90 % de las interacciones de los seres humanos ocurre en el lenguaje (escrito o hablado), tal parece que siendo está, la herramienta por excelencia de la raza humana, somos bastante incompetentes en este dominio.

Desde hace muchos años sostengo que no existe ninguna diferencia que no se pueda resolver a la distancia de una conversación, sí y solo sí, existe voluntad de las partes. Pero, hagamos un análisis más profundo. Somos seres conversacionales y privilegian nuestras conversaciones las relaciones. Vayamos alineando el concepto. Las organizaciones son relaciones y las relaciones son conversaciones. Relaciones superficiales originan conversaciones superficiales. Relaciones profundas son resultado de conversaciones profundas.

Como hace algunos años escuche a Jorge Bucay decir; “En el amor no existe derecho de antigüedad, existe derecho de intensidad” y yo, con su permiso le dije, creo que esto no solo ocurre en ese dominio. Estoy convencido que; “En las relaciones no existe derecho de antigüedad, sino derecho de intensidad”. Entendiendo intensidad como frecuencia, duración, temporalidad.

Retomando el concepto; organizaciones = relaciones = conversaciones. Veamos que en toda conversación se manifiestan emociones, las mías y las de los otros. Toda conversación se sostiene, modifica, extiende o acorta, desde la vivencia, percepción e interpretación de las emociones.

El Dr. Richard J. Davidson en su libro “The emotional life of your brain”, sostiene resultado de más de 40 años de investigación lo que ningún investigador se había atrevido hacer públicamente. ¿Cuánto dura una emoción? Cualquier emoción dura ½ segundo (500 milisegundos). Continuemos con el modelo:

Organizaciones = relaciones = conversaciones = emociones

Si las emociones solo duran ½ segundo, ¿con que nos quedamos después de la emoción? Nos quedamos con sensaciones en el cuerpo (sentimientos) resultado de la actividad endocrina (hormonas, etc.) y pensamientos (lóbulos prefrontales, neurotransmisores, etc.)

Organizaciones = relaciones = conversaciones = emociones = sentimientos y pensamientos

¿Qué sigue? Pues bien, nuestros sentimientos y pensamientos nos llevan a la toma de decisiones y acciones. Es por ello que en mis conferencias, talleres, diplomados y certificaciones siempre comparto: “No tomes decisiones permanentes a partir de sentimientos y pensamientos temporales”.

Completando el modelo:

Organizaciones = relaciones = conversaciones = emociones = sentimientos y pensamientos = decisiones y acciones.

Al analizar la problemática de más de 50 organizaciones con las que he tenido la oportunidad de trabajar en donde colaboran casi un millón de personas. Hemos podido realizar los diagnósticos y resolver las problemáticas cuando los participantes en nuestros procesos de “Liderazgo consciente” entienden y trabajan con el modelo anterior.

En sentido inverso: Las decisiones y acciones son el resultado de los sentimientos y pensamientos individuales o colectivos que provienen de las emociones que se vivieron. Estas ultimas se originaron en los espacios conversacionales (donde se eligió poner sobre la mesa o no, los temas relevantes). Estas conversaciones pueden ser superficiales o profundas dependiendo del nivel de relación entre los participantes y lo anterior determina el crecimiento, desarrollo y evolución de la organización.

¡Despierta! Deja de estar en el automático…

¿Llevas toda una vida entrenándote para desconectarte? Y bien, por supuesto que esa voz interior de inmediato te dirá, “Claro qué no”. Lamentablemente los resultados de las investigaciones científicas son contundentes. Más del 95 % de la población del mundo no vive, sobrevive, pues se ha venido entrenando inconscientemente para desconectarse.

¿Y como es esto? Simple, es tal la cantidad de estímulos visuales, auditivos y kinestésicos con los que materialmente somos avasallados todos los días, que poco a poco nos estamos desconectando, puro instinto de supervivencia. Si a eso le adicionas los teléfonos inteligentes (ellos cada día más y nosotros cada día menos), las computadoras portátiles, las tablets, los ipods en los cuales nos refugiamos y evadimos en todo momento. Los miles de anuncios en las calles y carreteras. El ruido ensordecedor de las ciudades, los tumultos en las calles. La violencia en el cine, radio y televisión, esa que poco a poco invade nuestros barrios, comunidades, pueblos y ciudades. La inmediatez con la que se propagan las noticias de todo el mundo en segundos. Las redes sociales que se han convertido en nuestra diaria compañía, miles de amigos virtuales que nunca has tenido frente a frente, la fuente de información, noticias, remedios y catarsis. Tal pareciera que hemos construido un mundo que nos rebaso, se salió de nuestras manos, y no hay manera de habitarlo, sin estar todo el tiempo rondando en el espacio de la angustia y ansiedad. Mismas que son resultado de nuestra obsesión y que sin duda generan más del 90 % del estrés.

Los niveles de estrés con los que vivimos nos enferman y queman. Los miles de personas que recurren todos los días a los ansiolíticos y antidepresivos van en aumento. ¿Acaso esta es la manera de vivir nuestra vida? ¿Estamos atrapados y no hay salida?

¿Qué podemos hacer con todo lo anterior? ¿Podemos encontrar soluciones? Sí, por supuesto. En los últimos 20 años expertos en psicología, terapias, coaching y consultoría se han convertido en pequeños oasis en la mitad del desierto. Para empezar, porqué trabajan con ellos mismos el re encontrarse, el aprender a vivir de manera natural sin angustia y ansiedad. Decidiendo de manera intencionada a que ponerle atención y a que no. Elevando su nivel de consciencia, dándose cuenta de lo que ocurre en sus vidas para hacerse cargo.

No solo se han venido entrenando para lidiar con lo que ocurre momento a momento y hacerlo buscando incrementar sus niveles de consciencia. Ahora, como un pequeño ejercito de predicadores sin connotaciones bélicas o religiosas, están enseñando como aprender a lidiar con todo eso, de lo cual nosotros somos responsables, nuestras creencias tóxicas, hábitos, costumbres, modelos mentales y memoria histórica, que poco o nada nos sirven, para hacerle frente a este viaje fugaz y en el cual podemos elegir, en todo momento, como es que lo queremos transitar.

Muy pronto te tendré más información…

¿Cuál es el significado de liderazgo?

La palabra líder proviene del ingles “leader”, y según el diccionario de la real academia de la lengua española tiene 2 acepciones. La primera; persona que dirige o conduce un partido político, un grupo social u otra colectividad. La segunda; persona o entidad que va a la cabeza entre los de su clase, especialmente en una competición deportiva. Por su parte liderazgo significa: Condición de líder. Ejercicio de las actividades del líder. Situación de superioridad en que se halla una institución u organización, un producto o un sector económico, dentro de su ámbito.

Como podremos notar, demasiada ambigüedad y falta de claridad. Recurramos a lo que los especialistas e investigadores consideran como liderazgo. En primer lugar de forma consensual se acepta que liderazgo es mucho más una forma de “ser”, una actitud, un comportamiento. Que una forma de “hacer”, lograr que se cumplan las metas, los resultados. Básicamente se puede definir como la influencia que se ejerce sobre un grupo de personas para lograr un objetivo común. Sin embargo, como podrás notar en el enunciado anterior no se habla de una posición jerárquica, porque el liderazgo es mucho más que eso.

La cualidad fundamental de un líder dentro de una organización, es que se distingue sobre los demás por ser capaz de tomar decisiones acertadas para que el grupo o equipo logren sobresalir, avanzar, progresar, evolucionar o lograr lo que se han propuesto. Pero también un líder posee otras cualidades que lo distinguen sobre los que dirigen. Y es justo en este punto, en donde surgen las grandes diferencias entre los expertos y estudiosos de la materia. ¿Solo los que dirigen, son lideres? Y veremos que esta aseveración no es una afirmación. ¿Para que se ejerza el liderazgo, se debe de contar con un grupo de personas, equipo, seguidores? Y la respuesta clara es “NO”.

Pensamos que solo se ejerce el liderazgo cuando existe en la ecuación dos componentes el líder (el que dirige) y los lidereados (colaboradores), estamos hablando del “hacer” y esta; respetando el punto de vista de muchos, es una visión muy básica y superficial. Se habla históricamente de los lideres formales (jefes, gerentes, directivos) y de los lideres informales, que son los que surgen dentro de un grupo de manera espontanea o natural.

Los lideres informales, son aquellos que no necesariamente ocupan cargos relevantes dentro de las organizaciones y que sin duda, en algunas ocasiones son escuchados, tomados en cuenta y consultados cuando se requiere tomar decisiones y acciones importantes. Históricamente se considera que todo líder formal (jefe, gerente, directivo) de manera natural ha desarrollado las habilidades y competencias de liderazgo y es por ello que ocupa esos cargos. Nada más alejado de la “realidad”.

Tu y yo, conocemos a muchos “lideres formales” que no tienen las habilidades y competencias mínimas requeridas para ejercer el liderazgo. Pero, como ocupan cargos relevantes en la organización consideran que están “haciendo” un buen papel. Lograr las metas y resultados no es indicador de que se es un buen líder (formal o informal).

El liderazgo visto desde el “SER”, como lo dijimos anteriormente, es una actitud, una serie de comportamientos resultado del desarrollo de un numero importante de habilidades y competencias que de manera natural o aprendida hemos incorporado.

¿cuáles son estas habilidades? Enunciaré las básicas: Compromiso (cumplir la palabra), Comunicación (escucha activa- comunicación efectiva), asertividad, resiliencia, manejo emocional, visión panorámica – foco en el detalle, “Awareness”, decisiones efectivas, adaptación al cambio, experiencia, carácter, carisma, capacidad, valentía, discernimiento, influencia, conexión, red de relaciones, generar otros lideres, intención, establecer prioridades, ceder sin conceder, búsqueda de oportunidades, crecimiento, desaprender-reaprender, legado, entre muchas otras.

Desafortunadamente estas habilidades y competencias no son enseñadas académicamente y esta eterna discusión con las instituciones universitarias que insisten en que si las han incorporado en sus planes de estudio de pregrado y posgrado impide que se incorporen en el mercado laboral, profesionistas que técnicamente son muy buenos pero que son lideres muy pobres.

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¿Qué significa ser asertivo?

Aunque el termino “asertividad” sigue sin aparecer en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. Muchas fuentes coinciden en que proviene de la psicología moderna. Entre otras, se define como una conducta que permite a una persona actuar con base a sus intereses más importantes, defenderse sin ansiedad, expresar cómodamente sentimientos honestos o ejercer los derechos personales sin negar los derechos de otros.

El termino tiene sus orígenes en la terapia conductista. Arnold Lazarus, Andrew Salter y Joseph Wolpe en sus aportaciones desde 1949 hasta 1973 la definen como: la capacidad de decir si ó no, la capacidad de expresar sentimientos positivos y negativos, la capacidad de iniciar, continuar y terminar conversaciones y la capacidad de pedir o hacer peticiones. En los últimos 25 años se ha utilizado el termino en relación a los estilos de comunicación, esto es; encontrar el justo medio entre una comunicación y actitud pasiva y su opuesto una comunicación y actitud agresiva. Se dice entonces que una comunicación asertiva es aquella en donde soy capaz de ponerle limite a los demás y soy capaz de ponerme limites a mi. En términos de lo propuesto por Aristóteles, es: “Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo.”

Si buscamos en las raíces etimológicas, en la Roma clásica existió el verbo assertumcuyo significado secundario del italiano al castellano derivo en aserto, cuyo significado es: “afirmación de la certeza de algo”. Al sustantivo se le adiciono el sufijo ivo y que dio origen al adjetivo: “asertivo” y que significa: “que asegura ó que afirma”.

En los espacios psicológicos, terapéuticos y del coaching hablamos de la asertividad como la habilidad y/o competencia de ser capaces de ponernos limites a nosotros, ponerle limites a los demás, sin dejar de ser amables, empáticos, cordiales. Esto conlleva a poder determinar que no actuaremos de forma pasiva, para que nos pasen por encima, o bien; actuaremos de forma agresiva, pasándole por encima a los demás.

En términos conversacionales ser capaces de comunicarnos claramente, siendo explícitos, concisos y puntuales, en relación a nuestra posición, de forma amable, cortes y empática. Dispuestos a negociar, acordar y a ceder sin conceder. Aprendiendo a realizar dos de las declaraciones que se han convertido históricamente en unas de las más disfuncionales: “Si” ó “No”. Tema del cual en futura publicación profundizaré.

Ser asertivo, muestra claramente un nivel de consciencia y madurez que hoy los lideres requieren como competencia básica en su desempeño. Forma parte del paquete de habilidades y competencias que lamentablemente no son enseñadas académicamente y que son necesarias en los ámbitos personal y profesional.

¿Qué pasa cuando alguien toca tus botones?

No me imagino ir caminando por la calle con una armadura llena de botones y adherido a cada botón un post-it señalando: “No tocar”, “El último boleto de la rifa del tigre”, “atente a las consecuencias”, “El callejón de las trompadas”, “bomba nuclear”, “te lo advertí”, “para que le buscas”, “si ya sabes como me pongo”, etc.

Es como de risa, pero parece que así es como vamos por la vida. Una y otra vez, las personas que nos rodean tocan nuestros botones, unas veces sin saberlo y otras intencionadamente.

Cuando alguien toca uno de tus botones, ¿cómo reaccionas? Es muy probable que te enganches y “al sentirte atacado”, respondas brusca y/o violentamente. Yo te pregunto, ¿de quien es el botón? Y por tanto, ¿quién requiere hacerse cargo?

En la mayoría de las ocasiones, escucho a mi interlocutor decirme, pues es que ese asunto puede más que yo, como una buena justificación a la reacción sobredimensionada.

Tal pareciera que entonces el poder “se lo damos al otro”, a ese que se atrevió a tocar nuestro botón. Además, haciéndolo responsable de nuestra respuesta. Es increíble que aun cuando sabemos y conocemos la gran mayoría de nuestros botones, no seamos capaces de hacernos cargo de ellos y cortar el cable que conecta a cada uno con algo más. Si nos pusiéramos a revisar con que esta conectado cada uno de nuestros botones, si siguiéramos el cable hasta su origen, descubriríamos para nuestra sorpresa, que cada botón esta conectado a una “creencia”.

Efectivamente no hay un solo botón que no este conectado a una creencia. Y requerimos tener mucho cuidado, ya que; como una creencia es algo de lo que estamos convencidos, (hemos juntado suficiente evidencia para confirmarla). Entonces por supuesto que no podemos aceptar que esa creencia o no es correcta, no es positiva o aun cuando sea correcta, no justifica nuestra respuesta agresiva, violenta, sarcástica o avasalladora.

Como dirían los jóvenes “ es tu perro y tu lo bañas”, haciendo alusión a que es tu problema y tu requieres hacerte cargo. Sin duda, encierra la manera de desarticular o cortarle el cable a nuestro botón. Si el botón es mío, yo requiero hacerme cargo de el. Y trabajarlo lo suficiente, como para que deje de ser un botón.

Si te pido que hagas una lista de tus botones, descubrirás que al estar todos conectados a creencias, son todos cosas y situaciones que te parecen incorrectas, que no deben de ocurrir o que no estas dispuesto a dejar pasar.

Entonces uno a uno requiero irle cortando el cable a cada botón, para que dejen de ser tema. Eso entre otras cosas significa que nadie más se debe hacer responsable de mis botones. Modificar o desarticular creencias no es fácil, pues históricamente hemos juntado evidencia. Sin embargo requerimos “darnos cuenta” y “parar” para poder “hacernos cargo”. Aunque algún vez, fue un botón, ya dejo de serlo porque ya lo trabaje y esta en mí, ya no darle el poder al otro si lo vuelve a tocar.

Branding personal

En los últimos años hemos visto un crecimiento exponencial en la oferta de servicios en materia de capacitación, conferencias, consultoría, coaching, apoyos terapéuticos y psicológicos. Son varias las razones por las que cada día más personas nos dedicamos a estos temas. Entre ellas se encuentra el deseo de ser profesionistas independientes que después de muchos años como empleados o empresarios deseamos ser dueños de nuestras agendas y horarios. También sin duda esta el tema de la edad, después de los cuarenta años las oportunidades de emplearse ocupando altos cargos enviando nuestra hoja de vida a diestra y siniestra, más bien parece un acto desesperado. La ventana de la oferta laboral se reduce dramáticamente a un promedio de edad entre los 25 y 35 años. El personal de recursos humanos requiere contratar personal joven y con experiencia, sin lugar a duda, toda empresa busca esos perfiles. Por otro lado cuando rebasas la frontera de los cuarenta, cada día son menos las empresas que se atreven a contratar a personas desempleadas en busca de nuevas oportunidades. La tendencia al “home office”, las estructuras matriciales, que sustituyen los clásicos organigramas verticales. La integración de equipos globales por proyecto. Este es un cambio de rumbo, para el cual requerimos estar preparados para que no nos tome por sorpresa.

Desde el inicio del siglo XXI, hace apenas 17 años; hemos sido testigos de la creación de cientos de firmas integradas por pequeños grupos de profesionistas independientes que ofrecen sus servicios. Para estos despachos después de varios años, ha sido necesario crear y posicionar su marca. Ahora bien, la tendencia nos dirige hacia las marcas unipersonales.

Sin duda la competencia de los mercados nos invita a continuar preparándonos y adicionando herramientas, incrementando nuestras habilidades y competencias. Entrando como diría Alvin Tofler al esquema de “aprender, desaprender y reaprender”, para no quedar en la obsolescencia temprana.

Sin embargo, las personas que nos hemos dado a la tarea de formar y capacitar no solo desde el ámbito académico, también en el organizacional. Vemos que aun cuando muchos individuos cuentan con amplísima formación e incluso experiencia. Cuando se ofertan como profesionistas independientes en las áreas de consultoría, coaching ejecutivo, apoyos terapéuticos o psicológicos carecen de una imagen personal y “branding personal” que estén alineados con su oferta.

Haciéndome cargo me mis juicios, veo constantemente a grandes maestros (coaches, consultores, terapeutas, conferencistas, psicólogos, instructores, capacitadores) cuya indumentaria, facilidad de palabra, tarjetas de presentación, direcciones de correo electrónico, firmas digitales, papelería personal, logotipos, nombres comerciales, etc. etc. No solo no venden, sino que ahuyentan a sus posibles clientes. Y en el peor de los casos logran resultados muy pobres en relación a su potencial.

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¿Qué significa ser resiliente?

Según la real academia de la lengua, resiliencia significa, la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite o adversas y sobre ponerse a ellas. Existen un sin numero de situaciones que nos ponen a prueba día a día, además para cada uno, esas eventualidades pueden ir desde perder el empleo, terminar una relación, la muerte de un ser querido, una enfermedad, la situación económica, la cancelación de un proyecto. El incumplimiento de pago, el maltrato, la bancarrota de un negocio. En fin son muchas las situaciones que nos pueden llevar al extremo, sentirnos que estamos en el limite de lo permisible y aceptable. Estas situaciones generan mucho dolor y sufrimiento. En infinidad de ocasiones creemos que aun cuando tenemos la fuerza y la voluntad, lo que nos esta ocurriendo, nos rebasa, satura y se vuelve inmanejable e incontrolable. En muchas ocasiones he escuchado decir, que la única forma de tomar impulso para salir, es tocando el fondo. Existen dos posibilidades ante estas situaciones, dejarnos hundir y entrar en la dinámica del péndulo victima-culpable o estar dispuestos a darnos cuenta, hacernos cargo y salir adelante fortalecidos.

Una persona resiliente es aquella que es capaz de sobreponerse a la situación, aprender de ella y salir fortalecida. Son como jugadores de ajedrez, tienen la capacidad de anticiparse a varios movimientos, antes de que ocurran, esto no significa que suponen o solo intuyen, significa que analizan los posibles escenarios y a partir de ellos toman decisiones. Para estas personas la vida no es dura, difícil y complicada, sino la ven como un lugar lleno de posibilidades y oportunidades. Y hablamos de posibilidades y no de opciones, porque del primero se desprende la conjunción (…esto y esto y esto…) y del segundo se plantea una disyunción (… esto ó esto…), lo cual limita nuestra visión y oportunidades. Se presentan inconvenientes, situaciones difíciles y complicadas, pero siempre hay forma de sobreponerse y resolverlas. No es un optimismo exacerbado, simplemente las personas resilientes saben que no hay mal que dure 100 años. En muchas ocasiones hemos conocido a personas de las cuales al conocer sus historias y experiencias de vida, nos sorprendemos de su buen humor y actitud ante la vida. Efectivamente hay personas que siempre tienen esta predisposición para sobreponerse ante las eventualidades, y también existe la manera de aprender la resiliencia y desarrollarla.

¿Cuáles son la habilidades y competencias para desarrollar la resiliencia? Pues veamos cuales son:

1.- Se dan cuenta

2.- Creatividad

3.- Flexibilidad

4.- Buen humor

5.- Generan Abundancia

6.- Posibilidades

7.- Confianza en si mismo.

8.- Objetividad

9.- Responsabilidad

10.- Asertividad

11.- Contexto positivo

Esto nos lleva a concluir, que un bajo nivel de tolerancia a la frustración, no saber postergar la recompensa, el querer “tener la razón”, el “a mi manera” y el autoengaño. Son precisamente las habilidades, conversaciones y comportamientos que requerimos modificar o desarticular, sin duda fundados en hábitos, costumbres, creencias y estilos de hacer las cosas.

La resiliencia entonces es una capacidad que podemos desarrollar, dice la filosofía Zen: “Si te caes 8 veces, levántate 9″. Tener la fortaleza para sobreponerse ante las adversidades no es un acto de fe, respetando las creencias individuales, es un acto de voluntad, es una elección que esta fundamentada en el poder personal. Es la máxima expresión de la intención, de ese deseo, coraje, valor de salir adelante.

Creo lo que Creo

¿Qué significa creo lo que creo?

Hace algunos años articule esta frase, con el propósito inicialmente de trabajarla conmigo, para posteriormente poderla compartir. Se que pudiera haberla estructurado de otra forma. Sin embargo, la intención de hacerlo de esta manera es para llevarte a la reflexión, en un principio para captarla, entenderla y después para ver que más oculta, ante lo que pudiéramos considerar evidente. Este juego de palabras tiene como propósito encontrarle diversos significados, el primero de ellos nos lleva a la confirmación. Es decir; estoy seguro de lo que creo. Estoy convencido de mis creencias. Ahora bien, no nos quedemos en la superficie, te invito a que te des permiso de ir más profundo. Una de los atractivos que le encuentro a la riqueza de nuestro idioma, es que a veces una misma palabra tiene diferentes significados.

¿Qué mas quiere decir, “Creo lo que creo”. Si estas dispuesto a encontrarle otros significados entonces podrás concluir que el primer “Creo” esta relacionado con las creencias y el segundo “Creo” esta relacionado con la creación o viceversa. Veámosle otro significado al “creo lo que creo”. Esta frase nos lleva a un nuevo y mas profundo mensaje: “ Creer para Crear”. Así de poderosas son nuestras creencias. Una creencia, si nos salimos del ámbito religioso, esta directamente relacionada con una premisa, idea o concepto de la cual estas convencido y has hecho tuya, te pertenece. Con el paso del tiempo una vez que hemos articulado una creencia, hemos buscado y encontrado una y otra vez, evidencias que la confirman, dado lo cual nos convence, nos lleva a tener la certeza de que es correcta y “real”, aunque solo sea para nosotros mismos. Nuestras creencias como lo comenté en el libro “El despertar de la Conciencia” son muy poderosas y constituyen las capas de la cebolla que hemos ido superponiendo una encima de otra y que hoy en día, constituyen nuestra mascara, armadura o muro de protección. Ahora bien una creencia profundamente arraigada nos lleva al espacio de crear en el mundo físico, en el exterior, contextos, eventos, situaciones que la confirman.

Y como bien lo planteo Henry Ford: “Si tu crees que estas bien, ó si tu crees que estas mal, en ambos casos tienes razón, porque es lo que tu crees”. Creer para crear entonces es un concepto muy profundo y poderoso. Lo que yo creo en mi interior me lleva una y otra vez a crear en el exterior. Es el momento entonces de preguntarnos. Si no estoy satisfecho con lo que estoy creando, ¿qué es lo que requiero cambiar? ¿lo que estoy creando? O ¿lo que estoy creyendo? Es cierto, que pudiéramos enfrascarnos en una argumentación dialéctica y epistemológica sobre el concepto, sin embargo perderíamos el propósito de hacer de este articulo algo fácil de leer y consultar. En diversas ocasiones mis respuestas a las preguntas anteriores me han llevado a la conclusión de que solo cambiando, desarticulando, sustituyendo mi creencia podré modificar lo que estoy creando. ¿cuántas veces te ha ocurrido que estás convencido de que ahora si estas haciendo las cosas de manera diferente, para después concluir que los resultados fueron los mismos. Dentro de las muchas frases que se le atribuyen a Albert Einstein, está una que se dice es la definición de locura: “Volver a hacer lo mismo, pensando que esta vez, los resultados serán diferentes.”

Si deseo lograr, obtener resultados diferentes, entonces lo que requiero cambiar no es lo que estoy creando, sino lo que estoy creyendo. Para crear cosas diferentes lo que requiero es creer cosas diferentes. Esto implica articular otras o nuevas creencias para dejar de obtener los mismos resultados.

Vivir en el péndulo víctima – culpable

Cuantas veces lo has dicho, ¿qué crees que me paso, se me descompuso el auto? ¿qué crees que me paso, se me pincho una rueda del auto? Y al compartirlo, tal pareciera que fuimos víctimas de las circunstancias como si producto de un maleficio, hechizo o mala suerte nos hubiera ocurrido. Sin tomar en cuenta en ningún momento, que nosotros fuimos los causantes. Realmente son muy pocas las situaciones en donde somos totalmente ajenos a lo que paso, a lo que ocurre. De hecho los investigadores en psicología y psiquiatría han podido demostrar porcentualmente que alrededor del 98 % de las cosas que decimos que nos pasan, que nos ocurren; sino somos responsables del 100%, al menos somos corresponsables, dejando solo un 2 % a las situaciones que nos ocurren aleatoriamente, sin responsabilidad alguna de nuestra parte. La mayoría de las cosas, no nos pasan, no nos ocurren, nosotros de manera inconsciente hacemos o participamos para que ocurran.

Los seres humanos somos cuenta cuentos, “storytellers” como dirían en ingles, nos pasamos toda la vida contando y contándonos cuentos, en donde “queremos tener la razón” y “hacer las cosas a mi manera”, planteamos las cosas de tal forma que nos parece increíble, inverosímil, ilógico lo que nos ocurre. Acomodamos las cosas de tal manera, que cualquiera que nos escuche nos dirá que tenemos razón y que estamos siendo víctimas de una situación o persona. Ademas una vez que construimos el cuento, le vamos adicionando detalles, lo vamos coloreando, lo hacemos mas dramático, mas grave, nuestros interlocutores o nosotros nos compramos el cuento. Esto no pára aquí, ademas como lo seguimos pensando y pensando, se siguen disparando emociones y sentimientos lo cual no hace entrar es una espiral descendente que fácilmente nos lleva a las posiciónes de víctimas o de culpables.

Y es por ello que usualmente adoptamos ante lo que supuestamente nos ocurre, dos posiciones muy claras, o nos sentimos víctimas de las circunstancias o nos sentimos culpables de nuestra incapacidad para resolver o por no habernos dado cuenta. Imaginemos entonces lo que hemos llamado el péndulo de la vida, un péndulo, que suele ser un elemento suspendido y que sujeto mediante un hilo, cuerda o cable a un punto, tiene un movimiento oscilatorio vertical lateral de un punto a otro.

Llamaremos a un o de los puntos “Víctima” y al otro punto “Culpable”. Este movimiento oscilatorio nos hace pasar secuencialmente de víctima a culpable, para nuevamente regresar a víctima, en ocasiones desaparece el movimiento, y a la menor provocación (interpretación) se activa, en otras ocasiones se acelera el movimiento o por ultimo, a veces se queda mucho tiempo en uno de los extremos. ¿cómo podemos detectar que estamos en el movimiento pendular en uno u otro extremo?

Veamos cuales son las características de alguien que adopta la posición de Víctima.  ¿cuándo te sientes forzado un obligado a hacer algo por un tercero o por una razón externa, que dices? La frase más utilizada es: Tengo que… (tengo que hacer, llevar, traer, terminar, entregar) y sentirnos obligados o forzados por agentes externos, nos incomoda. Este sentimiento es reflejo de un estado emocional que hemos detectado y que identificamos como resignación. La resignación es no aceptar algo, pero sentirme obligado a hacerlo y además incluye sentimientos de hartazgo, infelicidad, opresión, incomodidad.

Cuando estamos en la posición de víctima, nos volvemos expertos en la manipulación y el chantaje. Operamos desde una zona de confort, en lugar de movernos de esa posición, entramos en la dinámica del mínimo esfuerzo, entonces otros, nuestros amigos, familiares, gente cercana, nos pondrá atención, estará al pendiente, hará cosas por nosotros, y a esto los terapeutas o psicólogos lo han denominado, “ganancias secundarias” o “recompensas ocultas”, porqué no nos movemos y logramos algo, aunque sea mínimo, porqué es mas cómodo, aunque en el fondo no nos guste.

Veamos las características que alguien adopta la posición de Culpable.  En la culpa usualmente se activa el deber/ser,  hay ciertas creencias relacionadas con principios morales que nos llevan a la culpa cuando sentimos que no estamos siendo congruentes con lo que se esperaría de nosotros y es por ello que nos forzamos u obligamos a determinadas acciones o comportamientos. ¿cuándo nos forzamos u obligamos interiormente a hacer algo, que decimos? La frase que más utilizamos es: Debo de… (debo de hacer, llevar, traer, terminar, entregar) y sentirnos forzados u obligados por nosotros también nos incomoda. Este sentimiento nos lleva a utilizar una de las herramientas del autoengaño conocida como evasión, como no nos gusta lo que sentimos buscamos dejar de sentirlo.

Ahora bien, si ya me identifique que estoy en la posición de víctima o de culpable, ¿qué es lo que requiero para salirme de ahí?  Pues la invitación sería: Darme cuenta y parar para poder hacerme cargo.

Darme cuenta y hacerme cargo, me posibilita en este movimiento oscilatorio de extremo a extremo, entendiéndolo como los laterales de un triángulo a dibujar imaginariamente una línea vertical, justo partiendo del vértice superior hacia abajo, a esta línea cuando elegimos no ser ni víctimas, ni culpables, después de darnos cuenta y hacernos cargo, ¿qué nombre le pondrías? A este espacio lo llamamos responsable. Cuando elijo ser responsable, opero desde la libertad, desde mi poder interior, ¿cuáles son las frases que digo? Usualmente son: voy a…, decido, puedo, me doy permiso, elijo, requiero. Cuando hay libertad, cuando no me resigno o me evado, entonces genuinamente acepto, no hay sentimientos de incomodidad.

¿qué es aceptar? Es un acto voluntario de un persona de admitir algo. Esta admisión, aceptación solo se concreta cuando no existe una carga emocional negativa. Sin embargo, es aquí en donde se presenta la mayor dificultad. Cuando estamos obsesionados (pensamientos y emociones recurrentes negativos) mientras no dejemos de sentir, los sentimientos resultado de las emociones negativas, no existe la posibilidad de aceptar. A veces creemos que ya soltamos la obsesión, que estamos en el camino de la intención, que tenemos la seguridad y la certeza, lo cual entonces presupone que estamos aceptando, pero si se despiertan en nosotros emociones que detonan sentimientos negativos, entonces adoptaremos la posición de víctimas y estaremos confundiendo la aceptación, con resignación. ¿qué es la resignación? La definición aceptada dice que es, la entrega voluntaria que alguien hace de sí poniéndose en las manos y voluntad de otra persona. O conformidad en las adversidades. Analicemos la primera, sin meterme en complicaciones relacionadas con creencias religiosas, tal pareciera que es entregarse voluntariamente y ponerse en manos de un poder divino para superar la adversidad. Y la segunda habla de reducirse, sujetarse voluntariamente a hacer o sufrir algo por lo cual se siente alguna repugnancia. Estarás de acuerdo conmigo, que en cualquiera de los dos casos, tal pareciera que entonces no nos queda ninguna otra posibilidad, solo es cuestión de esperar, de aguantarse, de dejar pasar las cosas. Con todo respeto, es mi creencia que ninguna de las dos alternativas nos sirve. Pues es, como si estuviéramos imposibilitados de hacer algo al respecto. La resignación nos lleva al espacio de hacer algo que no nos gusta, no nos parece, pero que hay que sufrir y aguantar. Nos lleva una vez más al sacrificio y a sentirnos víctimas de las circunstancias. Y quedarnos atrapados en la resignación nos lleva inevitablemente a la depresión.

En otras ocasiones, cuando no nos gusta lo que sentimos al haber adoptado la posición de culpable, entonces el reprocharnos a nosotros, al cuestionarnos, al juzgarnos fuertemente, y entrar en la dinámica de descalificarnos, yo tenia que haber hecho… yo debería de haber dicho… y las emociones que se despiertan y que las sentimos profundamente no nos gustan, por lo cual, las evitamos y nos evadimos. Recordemos que evadirnos desde el espacio del autoengaño, nos lleva a construir argumentos, razones, motivos, pretextos que nos tranquilizan momentáneamente que y se presentan una y otra vez.

Así que, el camino de la responsabilidad solo ocurre cuando me doy cuenta y estoy dispuesto a hacerme cargo. Existe una genuina y autentica aceptación. No hay obligación, somos libre de elegir, decidir y sobre todo cuando operamos desde la auto exigencia a “darnos permiso”. Desarticulamos el movimiento pendular y entramos en los terrenos de estar dispuestos a hacernos cargo aceptando y eligiendo, siendo responsables.