¿Cuál es el más grande regalo que te puedes hacer?

Reflexiónalo. Puedes en una lluvia de ideas, articular una infinidad de argumentos. De acuerdo a mi experiencia al escuchar diversas respuestas en tantos foros, así como siendo congruente con mi profesión: sin juicio alguno, podría interpelarte y decirte que no es lo que estás pensando.

Entonces, ¿cuál será?

Haz un pequeño recuento de cómo fue tu día, hoy. Es un día entre semana. Estabas dormido, sonó la alarma del despertador. Te levantaste, bañaste, vestiste, desayunaste (o te tomaste algo rápido o algo para comer en el camino). Llevaste a tus hijos a la escuela (o te despediste de ellos, o hablaste con tu pareja unos minutos). Si vives solo, te subiste al auto o al transporte para ir al trabajo. Transcurrió un tiempo y llegaste a tu oficina. Y empezaste tus labores: juntas, llamadas, mails, conversaciones, presentaciones, documentos. Quizá a media mañana, tomaste un té o un café (o varios), un bocadillo, una barra de cereal o un yogurt (o no tuviste tiempo y no comiste o bebiste nada). Muchas actividades, carga de trabajo, cientos de pendientes, atender cosas urgentes. Decenas de actividades casi simultáneamente, la agenda saturada y/o la misma rutina de todos los días, ¿tu mente? ocupada todo el tiempo. Al mediodía, te diste tiempo para salir a comer, compraste una ensalada o un emparedado (o bien le pediste a alguien que te trajera algo), también pudo ser que a la hora que volteaste a ver el reloj ya eran las cuatro o cinco de la tarde y ¡no habías comido nada! aunque tu estómago ya llevaba un largo rato avisándote que le hacía falta algo de alimento; sin embargo, te dijiste: Cuando llegue a la casa comeré algo. Transcurre la tarde y continúas trabajando. Piensas: ¡Qué barbaridad! por más que quiero avanzar, todavía tengo muchos pendientes. Entras a juntas llevando tu computadora, teléfono inteligente y se te ocurre: Como no tengo idea a qué hora terminará esta reunión, aprovecharé para adelantar pendientes, terminar escritos, contestar correos. Coordinas unas citas o informes. Ya es tarde y decides salir del trabajo. Por fin regresas a casa (o quizá te das tiempo para ir al gimnasio un rato). Mucho tráfico, las calles llenas de autos. Llegas a tu casa y sin más, decides seguir trabajando en la computadora (o sentarte a ver la televisión y desconectarte del mundo). Cuando checas el reloj ya son las once o doce de la noche. ¡Es hora de irse a dormir, mañana hay que levantarse temprano!

Acabo de describir brevemente tu día. Así lo vives todos los días, todas las semanas, todos los meses, todos lo años. Con alguno que otro evento de por medio como reuniones con amigos o familia, bautizos, primeras comuniones, bodas, funerales, quizá, muy de vez en cuando, vayas al cine, teatro, un concierto; esporádicamente o casi nunca, una salida de la ciudad, unas vacaciones cortas. Viviendo la vida como se supone que la vivimos todos.

Acaso en algún momento te preguntas: ¿Así es cómo quiero vivirla?, ¿esto es realmente lo que quiero? Si te respondes: No tengo de otra; así es y así será. ¿Acaso tu creencia es: Son los precios a pagar para poder sobrevivir, a mi nadie me dijo que puede ser diferente?

Te comparto datos estadísticos: se calculó que en el 2016, éramos 7,854,822,000 de seres humanos que habitábamos este planeta. De los cuales, según datos publicados por la División de Población del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la Secretaría de las Naciones Unidas, en su informe: “La situación demográfica en el mundo en el 2016”, la población económicamente activa era aproximadamente de 5,959,857,000 de personas. De acuerdo a lo que han demostrado las últimas investigaciones relacionadas con mindfulness, publicadas en diversos libros, entre ellos: Mindfulness-based Cognitive Therapy for depression4, de los autores Zindel V. Sagal, J. Mark G. Williams y John D. Teasdale, se calculó que menos del 2% de la población tenía el suficiente nivel de conciencia para vivir en el aquí y ahora.

¿Qué quiere decir lo anterior? Casi la totalidad de la humanidad vivimos como auténticos zombies, autómatas, borregos, es decir, en el automático. Entonces, ¿qué puedes hacer para salirte de ese lugar?

Como coach y consultor, estoy al servicio de las personas que me comparten sus problemáticas y necesidades al acompañarlos y llevarlos a la reflexión de sus propios descubrimientos. Estoy convencido que aunque el propósito del coaching es que por medio de conversaciones reflexivas e insights (introspección), se logren descubrimientos, cambios de perspectiva, desarticulación de creencias tóxicas y aunque en otros modelos no se compartan herramientas y técnicas para aprenderlas, ponerlas en práctica y recurrir a ellas en caso de duda o reforzamiento, nosotros con nuestra metodología consideramos que “Sí” y éstas han resultado muy poderosas, en mi quehacer personal y el de mis colegas. Si sumamos a lo anterior, que para mí, el poder salir del automático, ha implicado de manera imprescindible estar aquí y ahora, entonces regresaré a la pregunta, ¿cuál es el más grande regalo que te puedes hacer?

Lo que te voy a compartir a continuación, no es cualquier cosa, muchas veces generó mucha expectativa al cuestionarlo y cuando digo la respuesta, muchas personas me dicen: —¡No!, ¿cómo crees?, por un momento pensé que me ibas a decir algo muy importante, casi como dar a conocer un tesoro de la filosofía, oculto y perteneciente a sectas milenarias”.

El más grande regalo que te puedes hacer es: ¡DARTE CUENTA!

¿Darme cuenta de qué?

¡De todo lo que puedas!

En el idioma inglés, la referencia directa sería el término conocido como awareness, para la cual no hay traducción literal al castellano. El autor José Hierro-Pescador en su libro, Filosofía de la mente y de la ciencia Cognitiva cuestiona: ¿Qué diferencia pretenden establecer los autores en inglés entre consciousness y awareness? Daniel C. Dennett en su libro Content and Consciousness, propone tomar aware como un término que connota intencionalidad, y que por tanto incluye un contenido o supone un objeto, y tomar conscious (conciencia) como un término no intencional, en relación a una atención plena.

 En el idioma castellano estaríamos hablando de la diferencia entre “conciencia” y consciencia”, de lo cual en próximos aportes profundizare. Entonces, en este estado de awareness (alerta permanente, sin la consabida presuposición de peligro), este darte cuenta intencionalmente con el objeto, al estar consciente tanto de lo que ocurre a tu alrededor como en tu interior, la mayor parte del tiempo que te sea posible, tiene un propósito. Desde la aproximación ontológica estaría hablando no sólo del observador del observador. Esta acción implica que no sólo observas lo que ocurre afuera, sino que además, eres capaz de ver lo que ocurre contigo (en tu interior) en relación a lo que pasa afuera. Y si a lo anterior, le sumo que lo haces de manera intencionada y deliberada porque eso te permite estar atento, despierto, alerta de lo que ocurre dentro y afuera, entonces empezarás a darte cuenta y esto, si te das permiso, puede convertirse en un auténtico parteaguas en tu vida.

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